Siguiendo con la temática del voto electrónico y la supuesta posible confiabilidad de los sistemas que lo implementan, voy a intentar un análisis dirigido a las personas sin conocimientos técnicos de informática.
Existe una especie de ilusión, arraigada en muchas personas, consistente en creer que el desarrollo tecnológico actual permite el diseño y la construcción de sistemas informáticos totalmente seguros (y, por lo tanto, confiables). Valga de ejemplo este extracto de un documento elaborado por un legislador provincial de Córdoba (el énfasis ha sido agregado por mí):
“La eliminación de la proliferación de boletas en el cuarto oscuro se logra a través del voto electrónico o de la boleta única. Adelanto que el primero es el que a mi juicio mejor armoniza los valores de seguridad y transparencia, y que el nivel alcanzado por los sistemas informáticos y las tecnologías de la información sin duda harian factible su implementación.”
Claramente, el legislador (y seguramente su asesor en materia informática) no tiene duda alguna de que el estado actual de la informática hace posible la existencia de un sistema informático seguro y transparente. Sin embargo, para cualquier entendido en informática, resulta obvio lo contrario.
El por qué de la ilusión
La creencia es comprensible. En nuestra vida diaria usamos sistemas informáticos todo el tiempo. No sólo a través de computadoras (mediante las cuales chateamos, navegamos por la web, realizamos operaciones bancarias “electrónicas”), sino que hasta nuestros teléfonos han dejado de ser tales, para convertirse en pequeñas computadoras portátiles con cada vez más funciones. De repente, vemos hardware y software en aviones, automóviles, sistemas médicos y un largo etcétera. Es natural entonces que el común de la gente crea que existen los sistemas informáticos complejos y, a la vez, confiables y seguros.
Lamentablemente la realidad es muy diferente. Y como ya fue dicho, no voy a abundar en detalles técnicos engorrosos, sino que me limitaré a exponer algunos ejemplos que demuestran la fragilidad (y poca confiabilidad) de los sistemas actuales. Los mismos serán agrupados teniendo en cuenta los requisitos básicos que debiera satisfacer un sistema de votación electrónica.
Inviolabilidad
Como bien sabemos ya, ese aparato que llevamos casi siempre con nosotros y al que llamamos “teléfono celular” no es un teléfono, sino una pequeña computadora que incluye un programa que le permite funcionar como si lo fuera. Durante unos 20 años, los distintos fabricantes de celulares han dedicado mucho esfuerzo y dinero para intentar que sus dispositivos sean “inviolables”, esto es, impedir que los usuarios puedan modificar o alterar de alguna forma el software incluido en los mismos.
Con el paso del tiempo, los celulares se han vuelto cada vez más complejos (tanto en su hardware como en su software), y dicha complejidad ha conspirado más y más contra ese objetivo. Puede el lector tomar como ejemplo los conocidos como “smartphones”: iPhone de Apple, la línea “N” de Nokia o la serie de dispositivos basados en Android (de Motorola, HTC, entre otros). Cada uno de estos dispositivos incorpora distintos mecanismos (bastante complejos, por cierto) para impedir modificaciones por parte de los usuarios. ¿Su efectividad? Ninguna. Mediante procedimientos realizables por un niño de 12 años todos los mecanismos de protección pueden ser vulnerados en un par de minutos. Más aún, el novísimo iPhone 4G (y el innovador iPad), con uno de los sistemas de protección más estrictos, puede ser hackeado con sólo abrir un archivo PDF.
Resulta hasta gracioso entonces, cuando empresas como Indra y Diebold, entre otros fabricantes de “urnas electrónicas”, hablan de la supuesta inviolabilidad de sus sistemas. Quizás Apple, Nokia, Motorola y Sony-Ericsson deberían consultarlos (¿o será al revés?).
Confidencialidad
El voto debe ser secreto. Esto ya lo sabía muy bien Roque Saenz Peña hace 100 años. Por lo tanto, un sistema de votación electrónica debería garantizar este requisito. Pero… ¿es esto posible?
Cada vez que se utiliza una computadora electrónica, la misma emite ondas de radio que pueden ser capturadas (y decodificadas) a una distancia considerable. No, esto no es de un episodio de “Misión Imposible”, puede hacerse (y se hace) con equipamiento de muy bajo costo. A continuación, una breve muestra de este tipo de maniobra, realizada sobre las máquinas de voto electrónico que durante años utilizó Holanda (quienes desde 2008 han vuelto a votar con lápiz y papel):
El video muestra como fácilmente, desde una distancia de hasta 25 metros, logran identificar cuándo se está votando por determinado partido. Claro que, con equipamiento un poco más costoso (unos pocos miles de dólares), hasta puede reproducirse remotamente la imagen que está mostrando la pantalla de la computadora.
Por cierto (y apartandome un momento del tema que nos ocupa), ¿sabía usted que con un equipo de unos 800 dólares, cualquiera puede intervenir y capturar todas sus llamadas de celular y SMS?
Confiabilidad
Los sistemas se caen. Los programas se cuelgan. Todos. Por mejor hecho que esté un programa complejo, siempre tendrá errores. Hay numerosas y largas recopilaciones de errores “famosos” que han costado millones de dólares y, cuando no, alguna vida humana.
La cuestión se torna realmente grave cuando se utiliza software en sistemas críticos. Por nombrar solamente dos casos recientes: parece ser que tanto el problema de “aceleraciones inesperadas” en algunos modelos de Toyota (que provoca aceleraciones repentinas sin haber accionado el acelerador), como el accidente del vuelo 447 de Air France (que terminó con un AirBus 330 en el Océano Atlántico) se deben a errores en el software.
Claro que no murió nadie cuando a la gente de Magic Software Argentina (MSA) se les colgó el sistema de escrutinio provisorio en las elecciones de Río Cuarto, pero claro está que un fallo similar (o peor) en un sistema de votación (y no sólo de escrutinio) de una elección de gran envergadura provocaría un caos (y el descrédito total por parte de la ciudadanía, cuando menos). Aunque Indra, Diebold, MSA y otros llenen su material de marketing asegurando que sus sistemas no tienen errores, sepa Ud. con seguridad que están ahi, a lo sumo, todavía ocultos de los ojos de sus programadores.
Fin de la ilusión
No importa lo que diga un folleto, ni un vendedor. Los sistemas inviolables, seguros y transparentes (al nivel requerido para una elección democrática) no se han visto por aquí, y no se verán seguramente por mucho tiempo. Espero que estos pocos ejemplos que, sin mucha elaboración, he dispuesto en este artículo, sirvan al menos para sembrar una pequeña duda en aquellos para quienes estas cuestiones resultaban “obviamente” posibles.


Soy un convencido de que un mix entre voto electrónico + impresión de la boleta va a ser la solución a largo plazo. El voto electrónico te permitiría contar rápidamente y el papel la seguridad de que la cuenta rápida fue lo que debía ser.
Buscando encontre este sitio http://evoting.bismark.se/, quería saber si podías dar tu opinión al respecto.