Boleta única de papel, ya

(Nota publicada en Revista Noticias)

El sistema electoral es “un mísero detalle técnico” —según José Ortega y Gasset— pero del cual dependen “la salud de las democracias, cualesquiera sean su tipo y su grado”. A raíz de las irregularidades detectadas en la Provincia de Buenos Aires, hoy se ha instalado la discusión de uno de sus componentes: el financiamiento de los partidos políticos. Otro, el elemento de votación, lamentablemente ha quedado relegado luego del debate iniciado con la propuesta del Poder Ejecutivo de incorporar la llamada “boleta única electrónica”, que tuvo media sanción en la Cámara de Diputados en agosto de 2016.

Faltando poco más de un año para las elecciones primarias de 2019, es escaso el tiempo que queda para intentar una reforma electoral. Y en lo que respecta al elemento de votación, la implantación de un sistema electrónico de emisión del sufragio —considerando no sólo el tiempo, sino también los múltiples cuestionamientos de la comunidad técnica, académica y científica informática— ya no parece posible. Sin embargo, aún puede realizarse una modificación que muchos consideran una verdadera mejora: la introducción de la boleta única de papel (BUP).

La boleta única de papel —llamada “boleta australiana”, por su debut en Tasmania en 1856— es una grilla de papel en donde se encuentra toda la oferta electoral. En ella se disponen las diferentes categorías electivas y los candidatos en forma de cuadrícula. La BUP es entregada al votante en la mesa de votación, por lo que no es posible ni el robo de boletas ni la introducción de boletas falsas de algún partido. Luego, el elector realiza su selección haciendo marcas en las opciones correspondientes. Finalmente, la BUP es plegada —no es necesaria la utilización de un sobre— y depositada en una urna para su escrutinio al final de la jornada electoral.

En la Argentina la BUP ha sido propuesta en el Congreso al menos dos veces: en el proyecto 7059-D-2008 firmado entre otros por Adrián Pérez, Federico Pinedo y Oscar Aguad, y en el proyecto 4189-D-2011 firmado por entre otros por Fernando Iglesias, Patricia Bullrich, Gabriela Michetti, Federico Pinedo y Ricardo Gil Lavedra. Además, la Cámara Nacional Electoral —máxima autoridad judicial en la materia— se ha pronunciado al respecto en una resolución de agosto de 2017 indicando que la BUP “carece de los riesgos de los dispositivos informáticos y es, de hecho, el sistema más utilizado en todo el mundo”.

Como bien dice la Cámara Nacional Electoral, la abrumadora mayoría de los países del mundo utilizan la BUP como elemento de emisión del sufragio, existiendo variantes que permiten adaptarla a los diferentes sistemas de elección y representación. En particular, la utilizan todos aquellos países que habiendo probado sistemas de voto electrónico, los abandonaron. Incluso muchos argentinos votan desde el año 2007 usando la BUP en elecciones nacionales: aquellos que se encuentran privados de libertad sin condena y los residentes en el exterior.

En octubre de 2017, varias ONG y especialistas en informática y derecho electoral dirigieron una carta al presidente Mauricio Macri manifestando la necesidad de impulsar una serie de reformas electorales, entre las que se incluía la implementación de la BUP. La repuesta a dicha carta fue que el Poder Ejecutivo ya había enviado la reforma que se encuentra frenada en el Congreso.

La principal objeción al uso de la BUP en la Argentina es la supuesta dificultad de disponer toda la oferta electoral en el caso de elecciones complejas como las PASO, y en distritos con una gran cantidad de partidos como la Provincia de Buenos Aires. Claramente esto no es un problema, como lo demuestra el hecho de que la BUP ya se utiliza en nuestro país incluso en elecciones primarias. Una variante que reduce sensiblemente la complejidad y el tamaño de la BUP es dividirla en varias “boletas únicas”, cada una para una categoría electiva. Esta es la solución utilizada en países como Italia y Paraguay, y también en la Provincia de Santa Fe. En la ciudad de Rosario, por ejemplo, en las últimas elecciones primarias hubo 43 listas distintas con candidatos a concejales y la BUP correspondiente era una hoja tamaño A3.


BUP de Rosario en las elecciones primarias de 2017

La BUP también simplifica el proceso de escrutinio, al no existir boletas dentro de sobres, y sobre todo si se utilizan boletas separadas por categorías: las mismas pueden depositarse en urnas distintas, facilitando aún más el conteo posterior. También pueden implementarse sistemas informáticos de asistencia al escrutinio, tales como el prototipo de sistema de reconocimiento de marcas desarrollado por investigadores de la Universidad Nacional de Córdoba, o el basado en tabletas con una aplicación de conteo y emisión de actas utilizado como prueba piloto en dos localidades santafecinas en 2017 con buenos resultados.

En el caso de la Provincia de Santa Fe, la prueba piloto incluyó también un sistema de transmisión de resultados directamente desde los lugares de votación —las escuelas— al centro de cómputos, sin la participación de un correo y bajo la supervisión de las autoridades de mesa y delegados de la Justicia. Este es otro punto crucial a mejorar en el sistema nacional: debe implementarse un sistema realmente transparente para la publicación de resultados provisorios en tiempo real la noche de las elecciones, que aumente las posibilidades de fiscalización por parte de los partidos políticos, las ONG y la ciudadanía en general.

Las elecciones presidenciales de 2019 están a la vuelta de la esquina. La Secretaría de Asuntos Políticos, a cargo de Adrián Pérez, aún no puede exhibir ningún cambio significativo en el sistema electoral. El financiamiento de los partidos políticos aún no empieza a discutirse en el ámbito legislativo, en tanto que la creación de un órgano electoral independiente del Poder Ejecutivo quedó frenada al estar supeditada a la aprobación de la “boleta única electrónica”. Pero todavía hay tiempo de hacer los cambios necesarios para mejorar sustancialmente: la implementación de la boleta única de papel y la mejora en los mecanismos de escrutinio, confección de actas de mesa, transmisión y publicación de resultados pueden hacerse si tanto el Gobierno como el Congreso se abocan cuanto antes a la tarea, dejando de lado los intereses partidarios y coyunturales. “Todo lo demás, es secundario”, finalizaba Ortega y Gasset su frase sobre el sistema electoral y las democracias.

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