Cómo producir un «milagro»

Supón que tienes un hijo pequeño —si es que no lo tienes— y supón además que se le diagnostica una grave enfermedad degenerativa del sistema nervioso. Después de consultar a varios especialistas, el diagnóstico es unánime: no existe en la actualidad ningún tratamiento posible, y la espectativa de vida de tu niño es de —a lo sumo— dos años. Y lo más terrible es que, hasta el momento en que muera, su cuerpo se irá deteriorando lastimosa y terriblemente. Primero quedará sordo, luego ciego, experimentará ataques de locura, y finalmente quedará inmóvil e incapaz de comunicarse.

No es necesario abundar en detalles, ya puedes imaginarte la situación: tu hijo, pequeño, condenado a una agonía y un sufrimiento de —en el mejor y a la vez peor de los casos— dos años, para finalmente morir. Y ninguna respuesta por parte de la medicina, ni siquiera para aliviar su penar. ¿Puedes imaginar qué harías ante esa situación? O mejor, ¿qué haría la mayoría de las personas que conoces, si se enfrentaran a tan terrible escenario?

Buscando alternativas

Puesto que estás leyendo este artículo en español, seguramente tu fe —o la de la familia en la que creciste, o la de la mayoría de la gente que conoces— es la católica. Quizás tu creencia no sea tan firme, pero ante tal situación —y la falta de respuestas por parte de la ciencia— muy probablemente te aferres a ella como única posible salida. De hecho, esto es lo que predican quienes sostienen el culto católico: ante la falta de respuesta del hombre, Dios siempre tiene una. Lo único que se necesita es «creer». Y creer no cuesta nada

Según este criterio, podrías abrazar la fe cristiana. Rezarías, irías a la iglesia, pedirías consejo a un sacerdote —quien sin duda reforzaría tu decisión diciéndote que Dios es el único que puede hacer algo por tu hijo. Hasta es posible que hicieras la promesa de realizar algún sacrificio, a cambio de su sanación. ¿Qué podrías perder?

Tal vez tu desesperación llegue a tal punto que creas en la promesa de alguna de las tantas nuevas iglesias evangélicas. Una a la que podrías acudir es la Iglesia Universal del Reino de Dios, que transmite sus programas a diario por varios canales de televisión. Esta iglesia (que en la Argentina es un culto oficialmente reconocido), es famosa por realizar supuestas curaciones y milagros —demandando aportes significativos de dinero como condición sine qua non para la consecución de los mismos. O quizás, llegado a un extremo, recurras a algún parapsicólogo o sanador de los que abundan por ahí (hasta es posible que, enterado de la situación, alguno de ellos se te acerque a ofrecerte una solución). En cualquiera de estos casos, seguramente escucharás que la enfermedad de tu hijo —para la cual, recordemos, la ciencia médica no te ofrece ni una solución promisoria— se debe a la presencia de algún espíritu maligno, o un «daño» causado mediante algún conjuro. Tampoco faltará quien te cuente el caso de algún conocido —aunque sea por transitividad— que fue curado milagrosamente, después de haber sido desahuciado por los médicos.

Todas estas alternativas entre las que podrías elegir —y que coincidirás, al menos, serían las que consideraría la mayoría de las personas que conoces— tienen algo en común. Se trate de religiones reconocidas —establecidas ya sea hace 1.700 años o hace unos pocos— o de creencias un tanto más vulgares, el recurso es el mismo: apelar a la fe, a algun tipo de entidad o fuerza «sobrenatural», con la esperanza —aunque sea mínima— de obtener algún resultado favorable. «Nada se pierde con intentarlo», ¿no es verdad?

Quizás estés pensando en una salida diferente: recurrir a alguna de las llamadas «medicinas alternativas». En el fondo, la situación es similar. Ya se trate de algunas establecidas hace muchos años —como la homeopatía— o de otras mucho más recientes —como el reiki o la magnetoterapia— y aunque se pretenda darles un fundamento pseudo-científico, estarás buscando «por fuera» de la ciencia. Nuevamente, estarás apelando a la «fe».

Una alternativa poco usual

En 1983 un matrimonio pasó por exactamente la misma situación planteada. Su hijo de 5 años, según la opinión unánime de varios especialistas, se enfrentaba a ese pronóstico desolador. Si bien no me consta, muy probablemente ellos evaluaron alguna de las alternativas anteriores, pero lo que finalmente hicieron dista mucho de cualquiera de ellas. En pocas palabras, ante la falta de respuestas de la ciencia, la salida que encontraron estos padres fue «más ciencia».

Ninguno de ellos tenía conocimientos de medicina, ni siquiera de química biológica. El padre era economista y la madre tenía una fuerte formación y creencia religiosas. Pero, a pesar de su falta de conocimientos —e incluso la posible inclinación a usar la «fe»— se lanzaron a buscar la solución para el problema. Así, directamente: se interiorizaron sobre los pormenores de la casi desconocida enfermedad y se dirigieron a los libros, a aprender primero los fundamentos de la química biológica y luego a tratar de entender qué ocasionaba el trastorno en el organismo de su hijo.

En poco tiempo, estaban discutiendo de igual a igual con especialistas en neurología. Meses después, organizaron el primer simposio internacional sobre la enfermedad. Finalmente, lograron diseñar un aceite que aparentemente permitió detener la degradación del sistema nervioso de su hijo e incluso prevenirla en otros muchos niños (aunque la comunidad científica aún no ha alcanzado un acuerdo sobre la efectividad del mismo). El pequeño no sólo superó el pronóstico inicial, sino que —aunque nunca llegó a recuperarse completamente— vivió hasta los 30 años, sobreviviendo a su madre.

Un título desafortunado

El niño que fue salvado por el tenaz (y racional) esfuerzo de sus padres se llamaba Lorenzo Odone. Su historia originó la famosa película «Lorenzo’s Oil«. Lamentablemente, en la Argentina el título se tradujo como «Un milagro para Lorenzo» (recientemente, un caso similar originó la campaña «Un milagro para Agustín»). La traducción argentina denota exactamente lo contrario del sentido de la película.

En el caso de Lorenzo, no operó ningún milagro (ni la intercesión de ningún ente sobrenatural). Si logró superar el terrible pronóstico inicial —que, de otra manera hubiese sido una predicción muy certera— fue por la forma en que obraron sus padres. Fue por el inmenso esfuerzo intelectual que realizaron, sin demora ni pérdida de tiempo, para tratar de encontrar la explicación del trastorno y posteriormente su paliativo. Aún con los cuestionamientos que existen actualmente sobre la efectividad y la aplicabilidad del llamado «aceite de Lorenzo», el intento de sus padres fue en el sentido correcto.

El caso de la familia Odone nos muestra que la solución a problemas reales, se encuentra —si acaso— mediante el uso de la razón y siempre en el terreno de la realidad. Todo tiempo que los padres de Lorenzo hubieran dedicado —por ejemplo— a orar o leer La Biblia sólo hubiera ido en desmedro de su condición física, quizás haciendo imposible su recuperación parcial y sin duda aumentando su sufrimiento. «Creer», muchas veces sí tiene un costo. Los padres de Lorenzo no se quedaron con la palabra de los médicos, y de hecho la contradijeron y tuvieron serios enfrentamientos con muchos de ellos, pero buscaron la solución «dentro» de la ciencia, usando sus métodos.

Conclusión

Que la ciencia no nos ofrezca una explicación, respuesta o solución a algo, no la invalida. Y mucho menos autoriza al ingreso de las supersticiones, las pseudociencias o las creencias en lo «paranormal». Cuando la ciencia no alcanza a explicar algún fenómeno del mundo real, la respuesta es más ciencia (y nunca, menos).

Bien puede imaginar qué hubiera sido de Lorenzo —y de muchos otros niños— si sus padres hubieran buscado, en vez de una explicación, un milagro.

Adenda

Luego de una fructífera discusión con Daneel Olivaw en Tweeter —quien comentó que algunas frases daban la impresión de que los Odone habían encontrado la cura de la enfermedad— modifiqué ciertas expresiones y agregué las aclaraciones del caso, para evitar malentendidos.

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8 Comentarios.

  1. Estoy de acuerdo que hace falta más ciencia y no menos, o al menos que la solución dentro de un conjunto de cosas lleva como añadido más ciencia. Sin embargo, un dilema clave es ¿cuál ciencia?, o mejor aún ¿cuánto de ciencia tienen muchas cosas que se llaman científicas?
    Hay muchos oncólogos a los que se les nota la conveniencia de recibir pacientes con cáncer y aplicar quimioterapias incluso con mayor frecuencia e intensidad de lo estipulado porque simplemente esto implica mayor ganancia para ellos.
    Buena parte de la «oscura» jerga médica está diseñada para mantener a los pacientes alejados del conocimiento y así facilitar la manipulación, el uso incluso de la propia palabra «paciente», de alguien «que tiene paciencia» es porque tiene que esperar a que el médico dictamine pautas y tratamientos también oscuras a las que la persona debe someterse sumisamente.
    Más ciencia en la medicina implicaría entre otras cosas diseñar un sistema de prestación de servicios médicos, en el marco de un sistema social, en el que bajo ningún concepto los médicos ganan más dinero en función de la gravedad del paciente, porque siempre que se creen intereses en ese sentido la práctica médica estará viciada y corrupta como lo está.
    Hay casos en que los un tratamiento de «medicinas alternativas» tiene un costo 10 veces inferior, y por contraste los médicos aplican su tratamiento por completo conscientes que la efectividad de lo que ofrecen es casi nula. En esos casos, más frecuentes de lo que muchos quieren reconocer, lo racional y científico es aplicar un tratamiento alternativo aunque sea nada más por el beneficio del efecto placebo (que, por cierto, si el efecto placebo genera una sensación de alivio o mejoría, es un beneficio que no se puede descartar, muchos médicos lo desprecian porque es dinero que no va a sus bolsillos).

  2. El milagro tiene derecho a imponer condiciones.
    (Jorge Luis Borges)

  3. Bueno amigo. Hay una alternativa mas. Que Dios mismo te hable al oido o en sueños o en visión y te indique que camino es el que debes seguir. Dale clik donde dice testimonios

    http://webiglesia.com/

    Allá no se ve esto: «—demandando aportes significativos de dinero como condición sine qua non para la consecución de los mismos.»

    Yo he sido participe de esos milagros anunciados por Dios en la Iglesia de Dios Ministerial de Jesucristo .

  4. Pero che!… que dios jodido el de Ivan, en vez de hablarle al oído a los médicos y explicarle como curar todos los tipos de enfermedades incurables, le anda explicando al oído a unos pocos elegidos por su fe… cómo decía la canción? Ah! sí… «dios es empleado en un mostrador, dá para recibir»

  5. Me parece observar un problema en la definición y concepto de «fe» que se refleja en frases tales como:

    «Lo único que se necesita es “creer”. Y creer no cuesta nada…»

    Fe es sinónimo de confianza. La fe es la «certidumbre» que alguien puede tener en que algo es cierto, tal cual como él o ella lo cree.

    La fe católica afirma que dios se hizo hombre en cristo Jesús y una de las implicaciones más importantes de esto en la comprensión que los hombres podemos lograr respecto de dios es que él comúnmente no se manifiesta a través de lo sobrenatural, a través de los milagros, eso es algo excepcional en la historia de la humanidad. Entonces, por el contrario, dios se manifiesta por medio de lo común, de lo ordinario, de lo mundano, es decir, por medio del hombre.

    Existe una gran diversidad de elementos culturales a través de los cuales la iglesia católica intenta explicar esto, por ejemplo, hay un dicho que dice:

    A dios rezando, pero al mazo dando.

    Entonces, no hay ningún elemento en la fe católica que conduzca a los creyentes a creer que deben aferrarse exclusivamente a la oración para dar solución a un problema. Los católicos quienes crean eso, es que no tienen una fe madura algo que, debo reconocer, tal vez sea común.

    Y quienes supongan lo contrario es que no conocen verdaderamente de qué trata el cristianismo.

    Ahora bien, suponer que por profesar la fe católica o que por haber crecido en una cultura familiar católica, una persona adoptaría unas actitudes, no me parece acertado.

    Lo que me parece más razonable es pensar que el caso que plantea la historia es excepcional por donde se lo mire, ya que plantea que:

    * Se trata de una enfermedad que parece ser una de esas «raras» en el sentido de que afectan a un porcentaje ínfimo de la población.

    * No hay tratamiento médico capaz de curar ni de aliviar los efectos de dicha enfermedad, lo que también parece «raro», aunque probablemente lo parezca por la baja incidencia que le supuse antes a la enfermedad.

    * Los protagonistas obtuvieron cierto grado de éxito.

    Me parece razonable pensar que la mayoría de las personas ante una situación similar simplemente no sabría qué hacer. Independientemente de la cultura religiosa, agnóstica o atea en la que se hallaran inmersos esos padres sólo teniendo una cierta formación científica previa, una educación que los hubiera ayudado a convertirse en personas pro activas y una cierta dosis de un carisma especial conformado vaya a saber a partir de qué factores, tendrían condiciones favorables para adoptar y sostener esa actitud frente a la adversidad.

    Son, en cierto sentido, personas que han demostrado una actitud excepcional, heroica.

    Ahora bien, muchísimos católicos en todo el mundo tienen actitudes similares frente a la adversidad basándose precisamente en su fe en dios. Y esto se hace muchísimo más común si disminuimos el grado de excepcionalidad del problema planteado.

    Saludos.

  6. «Fe es sinónimo de confianza»

    Disiento. La confianza se basa en emociones pero también en la evidencia. Yo puedo confiar mucho en un amigo mío pero si él se la pasa mintiéndome eventualmente voy a dejar de confiar. Más aún, mi mamá siempre me enseñó a no confiar en extraños; esto es, a no dar la confianza cuando no hay razones para confiar.
    La fe religiosa, por el contrario, necesariamente implica la falta de evidencias o incluso la existencia de evidencias en su contra. ¿Acaso no es común oír hablar de «pruebas de fe»? ¿No es común escuchar gente diciendo que Dios no puede revelarse porque sino «no sería necesaria la fe»?


  7. Disiento. La confianza se basa en emociones pero también en la evidencia.

    Aquello que es evidencia para vos también es, en definitiva, tu confianza en que algo es cierto: fe (esto es evidencia, aquello no).


    La fe religiosa, por el contrario, necesariamente implica la falta de evidencias o incluso la existencia de evidencias en su contra.

    Para decir eso, necesariamente considerás que «evidencia» es algo absoluto, algo que es tal cual vos lo entendés (¿evidencia científica?).


    ¿Acaso no es común oír hablar de “pruebas de fe”?

    Humm, no para mí. Me resulta más común lo de «la pruebita del amor» :)

    Ahh, debés referirte a que muchas veces la gente interpreta una situación que le toca vivir como que dios «le pone a prueba». Pero que haya gente que crea eso no determina el significado de «fe».


    ¿No es común escuchar gente diciendo que Dios no puede revelarse porque sino “no sería necesaria la fe”?

    Y si la gente dice eso ¿qué es lo que queda demostrado?

    Para los católicos dios se revela al hombre. Es, en realidad, el hecho más importante de la historia: dios se reveló a sí mismo de forma material, humana, haciéndose carne, naciendo como cualquier otro hombre, de forma palpable.

    Creer que jesucristo es dios, respecto del método de conocimiento, no es diferente de creer que existió san martín y que fue el libertador de américa.

    Lo que quiero decir es que casi todo lo que creés, lo que tomás por cierto, se basa en la confianza, en la fe, incluso lo que llamás evidencia es parte de tu sistema de creencias.

    Cualquier conocimiento que haya sido producido por la ciencia, que tomes como algo cierto, es algo en lo que elegís creer depositando tu confianza en que otros (los historiadores, en el caso de san martín) te dicen la verdad.

    La única manera que esto no fuera así sería que reproduzcas (siguiendo el método científico) el camino que siguieron aquellos que produjeron cada conocimiento científico.

    Saludos.

  8. Lo felicito. Ciencia y más ciencia. No hubo, no hay ni existirá jamás dio$ alguno.

    Abrazo.

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