Anteayer publiqué un artículo mostrando cómo el Gobierno argentino en su propuesta de reforma electoral quiere penalizar con cárcel todo intento de mostrar las debilidades y riesgos del sistema de voto electrónico con el que pretende que votemos desde 2017 en adelante.

Hoy, menos tranquilo (dado que a ningún político ni medio periodístico le pareció relevante el asunto, aunque fuimos varios los que tratamos de darle difusión), me tomo unos minutos para analizar la situación y sobre todo para pensar en el futuro (y en particular en mi futuro con respecto a esto).




