Diariamente somos expuestos a razonamientos lógicos (en nuestras tareas diarias, discusiones, pensamientos). Constantemente, también somos enfrentados a conclusiones de razonamientos ajenos (de nuestros pares, de los medios de comunicación).
Lamentablemente, muchas veces dichos razonamientos (propios y ajenos) son falaces. Una falacia lógica es un razonamiento aparentemente válido (”lógico“), cuya conclusión no se desprende de la verdad o falsedad de las premisas. Estructuralmente, consiste en la aplicación incorrecta de un principio lógico válido o la aplicación de uno inexistente.
Las falacias son especialmente peligrosas cuando, basándose en premisas o argumentos válidos, nos llevan a realizar (o aceptar) conclusiones que no lo son. Algunas veces, ocurren producto de errores o por ignorancia, pero muchas otras son utilizadas intencionalmente con fines de distracción, confusión o engaño. A continuación analizaremos brevemente las más comunes.
Argumento dirigido al respeto
La forma lógica de esta falacia (llamada “argumentum ad verecundiam“) es:
- El sujeto A afirma B.
- A goza de prestigio o credibilidad.
- Entonces, B es cierto.
Desde los simples “lo dijeron en la televisión” y “salió en el diario“, hasta el común “un respetado investigador dice…“, muchas veces son tomados (sin más) como prueba de veracidad. Aún en ámbitos académicos, suele oirse “lo dijo el profesor“, o “lo dice el libro“, como única justificación del por qué de una afirmación.
Es correcto valorar las premisas (los argumentos, la evidencia), teniendo en cuenta el prestigio o reconocimiento de quien las afirma. Lo incorrecto es aceptar de plano una deducción, baśandose solamente en la autoridad de alguien.
Argumento dirigido al pueblo
Esta falacia (llamada “argumentum ad populum“) es una variante de la anterior, cuya forma es:
- Se dice que la mayoría de la gente afirma B.
- Por tanto, B es cierto.
Expuesta de esta manera, parece rídicula. Sin embargo, ¿cuántas veces se nos intenta convencer de que algo es cierto porque mucha gente opina que es así?
En particular, esta falacia es inmovilista ya que, ante la posibilidad de algo innovador, siempre podrá argumentarse que “no lo ha hecho nadie” o que tal cosa “no existe en ninguna otra parte” (variantes de la misma falacia).
Argumento dirigido al hombre
Esta falacia (llamada “argumentum ad hominem“) tiene la siguiente forma:
- El sujeto A afirma B.
- Hay algo cuestionable acerca de A.
- Luego, B es falso.
Es muy común el intento de invalidar afirmaciones basándose en una crítica hacia quien las realiza. Esta falacia sería la opuesta al “argumento dirigido al respeto” (”argumentum ad verecundiam“).
Nuevamente, en este caso, es posible poner en duda la validez de una prueba basándose en la confiabilidad de su origen, pero de ninguna manera puede rechazarse una deducción basándose en esto.
Tanto en los medios de comunicación como en las discusiones es común el uso (y abuso reiterado) de esta falacia.
Tú también
La falacia “ad hominem tu quoque” es una variante de “ad hominem” (conocida como “argumento de la hipocresía“) en donde se descarta una afirmación porque es inconsistente con otras realizadas por la misma persona o con sus actos.
La afirmación de que “beber alcohol en exceso es malo para la salud” no puede decirse falsa por el simple hecho de que quien la realice sea un alcohólico. Tampoco puede decirse falsa una afirmación porque quien la promueve “antes decía otra cosa“.
Argumento dirigido a la ignorancia
La falacia “ad ignorantiam” tiene la siguiente forma:
- Se afirma A.
- No se tienen pruebas para afirmar o refutar A.
- Por lo tanto, A es verdadero.
Nuevamente, al ver la forma de esta falacia parece ridícula. Pero pensemos un momento en cuántas veces se nos intenta convencer de algo argumentando que “nunca se ha demostrado lo contrario” (algo muy común entre espiritistas, ovnílogos y “pseudo-científicos” por el estilo).
Argumento dirigido a las consecuencias
La forma de esta falacia (llamada “argumentum ad consecuentiam“) es la siguiente:
- A afirma B.
- B tiene una consecuencia C, considerada negativa.
- Por tanto, B es falso.
Veamos algunos ejemplos de esta falacia:
- El universo no se creó en 7 días.
- Si el Universo no se creó en 7 días, la Biblia podría dejar de ser creíble.
- Entonces, el universo se creó en 7 días.
(Puede parecer ridículo, pero hay quienes razonan de esta manera.)
- No existe nada después de la muerte.
- Si no existe nada después de la muerte, la vida no tendría sentido.
- Por lo tanto, debe haber algo después de la muerte.
Indudablemente, esta falacia es inducida por la necesidad de crear una sensación de comodidad respecto de una posibilidad que implicaría consecuencias negativas.
Correlación coincidente
Esta falacia, llamada “post hoc ergo propter hoc“, consiste en explicar la ocurrencia de un suceso a causa de otro anterior (basándose sólo en el orden de los acontecimientos).
Esta es la base de la mayoría de las supersticiones y del llamado “pensamiento mágico“. Podemos ilustrar esto con un ejemplo (no más ridículo que la mayoría de las supersticiones):
- El gallo siempre canta antes de la salida del sol.
- Luego, el canto del gallo provoca que salga el sol.
Conclusión
El análisis de las distintas falacias es muy importante para evitar caer en las “trampas” que puede ponernos nuestra propia mente (producto de la costumbre, los deseos, los temores y las motivaciones) o factores externos, tales como los medios de comunicación, los discursos políticos, o hasta un contendiente ocasional.
Este artículo no presenta, ni mucho menos, un análisis profundo ni exhaustivo sobre el tema. Un buen lugar para seguir leyendo sobre él, es la página dedicada a las falacias en la Wikipedia.
Javier:
Como es eso de que no hay nada después de la muerte, si el SFM claramente nos ofrece un paraíso con volcanes de cerveza y fábricas de strippers.
Aparte de la evidencia lógica que demuestra que a medida que disminuyeron la cantidad de piratas aumentó la temperatura global, claramente indicando que al SFM le gustan los piratas.
Arrepentite pecador y aprende mas en http://www.venganza.org