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	<title>Opinión &#8211; Blog de Javier Smaldone</title>
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	<description>Todos los días se aprende algo viejo</description>
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		<title>Carta abierta al Presidente Milei</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Javier]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 09 Apr 2026 01:48:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Censura]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
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					<description><![CDATA[Excelentísimo Señor Presidente de la Nación Argentina, Lic. Javier Gerardo Milei: Esta no es una crítica política. Es un registro de hechos y una advertencia sobre sus consecuencias. Desde sus primeras apariciones públicas, usted recurre al agravio personal como herramienta política. Por eso no resulta novedoso que descalifique, insulte o ridiculice a quienes piensan distinto. &#8230; <a href="https://blog.smaldone.com.ar/2026/04/08/carta-abierta-al-presidente-milei/" class="more-link">Sigue leyendo <span class="screen-reader-text">Carta abierta al Presidente Milei</span> <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="centerpic"><img decoding="async" src="/files/milei/presidente.jpg" alt="Javier Milei" /></div>
<p><b>Excelentísimo Señor Presidente de la Nación Argentina, <br />Lic. Javier Gerardo Milei:</b></p>
<p><i>Esta no es una crítica política. Es un registro de hechos y una advertencia sobre sus consecuencias.</i></p>
<p><span id="more-4957"></span> </p>
<p>Desde sus primeras apariciones públicas, usted recurre al agravio personal como herramienta política. Por eso no resulta novedoso que descalifique, insulte o ridiculice a quienes piensan distinto. Pero precisamente por eso, lo que hoy resulta inaceptable no es solo el hecho en sí, sino <b>la persistencia deliberada en una conducta que deshonra, día a día, la función que usted juró ejercer.</b></p>
<p>La investidura presidencial no es un atributo ornamental. No es un premio ni un micrófono más potente para amplificar impulsos personales. Es una responsabilidad institucional que exige templanza, autocontrol y, sobre todo, conciencia del lugar que se ocupa. Usted no habla ya como un ciudadano más ni como un panelista de televisión: cada palabra suya —pronunciada en un discurso, vertida en una entrevista o publicada en redes sociales, no importa la hora— <b>compromete al Estado que representa</b>. Usted lo sabe. Y lo hace igual.</p>
<p>Cuando un Presidente insulta, no se rebaja únicamente a sí mismo: arrastra consigo a la institución. La arrastra, deliberadamente, hacia el barro de la confrontación más baja —con evidente satisfacción— hasta un punto en que la razón cede ante el exabrupto y el debate público deja de ser tal y se convierte en un chiquero. Y lo hace, además, desde una <b>posición de poder asimétrica</b> frente a ciudadanos que no tienen ni su exposición ni su capacidad de respuesta.</p>
<p>Ese modo de ejercer la palabra tiene consecuencias concretas sobre personas reales. Cuando usted señala, insulta o ridiculiza a un ciudadano común desde la investidura presidencial, no solo lo expone: <b>lo convierte en blanco</b>. Habilita y promueve una reacción en cadena de ataques, hostigamientos y agresiones por parte de quienes encuentran en su palabra una legitimación. Lo que para usted puede ser un exabrupto pasajero, para quien lo recibe suele traducirse en una avalancha de violencia que no eligió ni puede controlar. No es una hipótesis: ya ha ocurrido. Ciudadanos señalados por usted en redes sociales han recibido, en cuestión de horas, cientos de mensajes de odio, amenazas e insultos de sus seguidores. Y usted no detiene el proceso: lo observa, y a veces lo amplifica con una nueva publicación. <b>Eso no es impericia. Es decisión.</b></p>
<p>Pero en su caso hay un agravante adicional. Usted no se limita a insultar: <b>deshumaniza</b>. Reduce a quienes disienten a <i>«ratas»</i>, <i>«cucarachas»</i>, <i>«parásitos»</i>, <i>«degenerados fiscales»</i> o simplemente <i>«zurdos de mierda»</i> —<b>un vocabulario de exterminio simbólico, no de debate político.</b> Y sobre esa degradación, añade un repertorio insistente de groserías de pésimo gusto y vulgaridades que apelan a la humillación —muchas veces de carácter sexual— como forma de celebración política. No es un desliz. <b>Es un lenguaje elegido, repetido, cultivado y celebrado ante las cámaras con una sonrisa.</b></p>
<p>Ese lenguaje no es inocuo, y usted, que se precia de conocer la historia, debería saberlo mejor que nadie. Todas las sociedades que normalizaron la deshumanización del adversario creyeron, en su momento, que se trataba solo de palabras. Ninguna pudo después deshacer lo que esas palabras construyeron. <b>Usted está construyendo ahora.</b></p>
<p>Y si esto es grave cuando se dirige a cualquier ciudadano, lo es aún más cuando apunta contra el periodismo. Su reiterada declaración de que <i>«no odiamos lo suficiente a los periodistas»</i> —pronunciada con la familiaridad de quien repite un chiste conocido— no es una provocación inocente ni una hipérbole retórica. Es la formulación explícita de un clima de hostilidad hacia una actividad esencial para la vida democrática. No solo deslegitima la tarea periodística: <b>invita a intensificar el rechazo, el desprecio y, potencialmente, la agresión</b> hacia quienes la ejercen.</p>
<p>En ese contexto, cada señalamiento suyo contra un periodista no es un hecho aislado: es un acto que amplifica riesgos reales. Quienes reciben ese mensaje no lo interpretan como una metáfora sofisticada, sino como <b>una habilitación</b>. Y esa habilitación se traduce, con demasiada frecuencia, en campañas de hostigamiento, amenazas y violencia que exceden por completo cualquier marco aceptable de debate público.</p>
<p>A todo esto se suma un fenómeno igualmente preocupante: la claque que lo celebra. Un coro de aplaudidores que replica, amplifica y legitima cada exceso, muchas veces desde posiciones sostenidas con recursos del Estado. No solo no hay freno: hay estímulo. No solo no hay corrección: hay recompensa. Así, lo que debería ser motivo de rectificación se convierte en espectáculo y en método de gobierno. <b>El insulto presidencial tiene estructura, organización y presupuesto. Es política de Estado.</b></p>
<p>No se trata aquí de formas superficiales ni de modales aristocráticos. Se trata de algo mucho más profundo: <b>del respeto mínimo que exige la convivencia democrática.</b> El disenso no solo es legítimo: es indispensable. Pero cuando desde la cúspide del poder se lo responde con insultos, deshumanización y groserías, se envía un mensaje claro y peligroso: que la diferencia es un agravio, que el otro es un enemigo, que la agresión puede reemplazar a la palabra.</p>
<p>La tradición republicana argentina —con todas sus fragilidades— ha sabido distinguir entre la aspereza del debate político y la degradación deliberada del adversario. Usted elige, conscientemente, borrar esa distinción. <b>No por ignorancia: por conveniencia.</b></p>
<p>Quienes confunden poder con licencia para el agravio pagan un precio inevitable. No se recuerda con indulgencia a quienes, pudiendo elevar el debate, eligieron rebajarlo, ni a quienes optaron por degradar la institución que encarnaban. Pero el juicio es especialmente cruel con quienes gobernaron en el momento en que su país más los necesitaba y eligieron, en cambio, <b>alimentar sus propios rencores.</b></p>
<p>Usted podrá invocar autenticidad, espontaneidad o incluso convicción. Ninguna de esas razones justifica lo que hace. Gobernar no es desahogarse. Liderar no es humillar. Y representar a una Nación es, antes que nada, estar a la altura de ella.</p>
<p><b>No lo está.</b></p>
<p><i>La historia registrará que usted tuvo la oportunidad de gobernar la Argentina en un momento crítico. Registrará también cómo decidió usarla.</i></p>
<p>Atentamente.</p>
<p>Javier Smaldone</p>
]]></content:encoded>
					
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		<title>Una carta sobre la justicia y el debate abierto</title>
		<link>https://blog.smaldone.com.ar/2020/07/09/una-carta-sobre-la-justicia-y-el-debate-abierto/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Javier]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 09 Jul 2020 19:58:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Censura]]></category>
		<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[Libertad]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
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					<description><![CDATA[7 de julio de 2020&#160; La siguiente carta aparecerá en la sección de Cartas de la edición de octubre de Harper&#8217;s Magazine. Traducción del original en inglés. Nuestras instituciones culturales se enfrentan a un momento decisivo. Las intensas protestas por la justicia racial y social apuntan a demandas postergadas de reforma policial, junto a llamamientos &#8230; <a href="https://blog.smaldone.com.ar/2020/07/09/una-carta-sobre-la-justicia-y-el-debate-abierto/" class="more-link">Sigue leyendo <span class="screen-reader-text">Una carta sobre la justicia y el debate abierto</span> <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="centerpic"><img decoding="async" src="/files/freespeech.jpg" alt="Liberta de expresión" /></div>
<p>7 de julio de 2020&nbsp;</p>
<p><em>La siguiente carta aparecerá en la sección de Cartas de la edición de octubre de Harper&#8217;s Magazine. Traducción del <a href="https://harpers.org/a-letter-on-justice-and-open-debate/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">original en inglés</a>.</em></p>
<p><span id="more-4597"></span> </p>
<p>Nuestras instituciones culturales se enfrentan a un momento decisivo. Las intensas protestas por la justicia racial y social apuntan a demandas postergadas de reforma policial, junto a llamamientos más amplios para una mayor igualdad e inclusión en nuestra sociedad, especialmente en la educación superior, el periodismo, la filantropía y las artes. Pero este necesario ajuste de cuentas también ha intensificado un nuevo conjunto de actitudes morales y compromisos políticos que tienden a debilitar nuestras normas de debate abierto y la tolerancia de las diferencias a favor de la conformidad ideológica. Mientras aplaudimos el primer avance, también levantamos nuestras voces contra el segundo. Las fuerzas del antiliberalismo se están robusteciendo en todo el mundo y tienen un aliado poderoso en Donald Trump, quien representa una amenaza real para la democracia. Pero no se debe permitir que la resistencia se endurezca en su propio tipo de dogma o coerción, que los demagogos de derecha ya están explotando. La inclusión democrática que queremos se puede lograr solo si nos pronunciamos en contra del clima intolerante que se ha establecido en todos los lados.</p>
<p>El libre intercambio de información e ideas, el alma de una sociedad liberal, se está volviendo cada vez más restringido. Si bien hemos llegado a esperar esto en la derecha radical, la censura también se está extendiendo más ampliamente en nuestra cultura: una intolerancia a los puntos de vista opuestos, una moda de la humillación pública y el ostracismo, y la tendencia a disolver cuestiones políticas complejas en una certeza moral cegadora. Mantenemos el valor del contra-discurso robusto e incluso cáustico de todos los sectores. Pero ahora se ha vuelto muy común escuchar llamados a represalias rápidas y severas en respuesta a las transgresiones percibidas del habla y el pensamiento. Más preocupante aún, los líderes institucionales, en un espíritu de control de daños en pánico, están aplicando castigos apresurados y desproporcionados en lugar de reformas cuidadosas. Se despide a editores por dirigir piezas controvertidas; se retiran libros por presunta falta de autenticidad; se prohibe a periodistas escribir sobre ciertos temas; se investiga a profesores por citar trabajos de literatura en clase; se despide a un investigador por hacer circular un estudio académico revisado por pares, y se expulsa a directivos de organizaciones ​​por lo que suelen ser solo errores torpes. Cualesquiera que sean los argumentos en torno a cada incidente en particular, el resultado ha sido estrechar constantemente los límites de lo que se puede decir sin la amenaza de represalias. Ya estamos pagando el precio con mayor aversión al riesgo entre escritores, artistas y periodistas que temen por su sustento si se apartan del consenso, o incluso carecen de suficiente apego a lo establecido.</p>
<p>Esta atmósfera sofocante dañará en última instancia las causas más vitales de nuestro tiempo. La restricción del debate, ya sea por parte de un gobierno represivo o una sociedad intolerante, invariablemente perjudica a quienes carecen de poder y hace que todos sean menos capaces de participar democráticamente. La forma de derrotar las malas ideas es mediante la exposición, la discusión y la persuasión, no tratando de silenciarlas o desear que desaparezcan. Rechazamos cualquier elección falsa entre justicia y libertad, ya que no puede existir la una sin la otra. Como escritores, necesitamos una cultura que nos deje espacio para la experimentación, la toma de riesgos e incluso los errores. Necesitamos preservar la posibilidad de desacuerdos de buena fe sin consecuencias profesionales nefastas. Si no defendemos exactamente de lo que depende nuestro trabajo, no deberíamos esperar que el público o el Estado lo defiendan por nosotros.</p>
<h3>Firmantes</h3>
<ul>
<li><strong>Elliot Ackerman</strong></li>
<li><strong>Saladin Ambar</strong>, Rutgers University</li>
<li><strong>Martin Ami</strong></li>
<li><strong>Anne Applebaum</strong></li>
<li><strong>Marie Arana</strong>, author</li>
<li><strong>Margaret Atwood</strong></li>
<li><strong>John Banville</strong></li>
<li><strong>Mia Bay</strong>, historian</li>
<li><strong>Louis Begley</strong>, writer</li>
<li><strong>Roger Berkowitz</strong>, Bard College</li>
<li><strong>Paul Berman</strong>, writer</li>
<li><strong>Sheri Berman</strong>, Barnard College</li>
<li><strong>Reginald Dwayne Betts</strong>, poet</li>
<li><strong>Neil Blair</strong>, agent</li>
<li><strong>David W. Blight</strong>, Yale University</li>
<li><strong>Jennifer Finney Boylan</strong>, author</li>
<li><strong>David Bromwich</strong></li>
<li><strong>David Brooks</strong>, columnist</li>
<li><strong>Ian Buruma</strong>, Bard College</li>
<li><strong>Lea Carpenter</strong></li>
<li><strong>Noam Chomsky</strong>, MIT (emeritus)</li>
<li><strong>Nicholas A. Christakis</strong>, Yale University</li>
<li><strong>Roger Cohen</strong>, writer</li>
<li><strong>Ambassador Frances D. Cook</strong>, ret.</li>
<li><strong>Drucilla Cornell</strong>, Founder, uBuntu Project</li>
<li><strong>Kamel Daoud</strong></li>
<li><strong>Meghan Daum</strong>, writer</li>
<li><strong>Gerald Early</strong>, Washington University-St. Louis</li>
<li><strong>Jeffrey Eugenides</strong>, writer</li>
<li><strong>Dexter Filkins</strong></li>
<li><strong>Federico Finchelstein</strong>, The New School</li>
<li><strong>Caitlin Flanagan</strong></li>
<li><strong>Richard T. Ford</strong>, Stanford Law School</li>
<li><strong>Kmele Foster</strong></li>
<li><strong>David Frum</strong>, journalist</li>
<li><strong>Francis Fukuyama</strong>, Stanford University</li>
<li><strong>Atul Gawande</strong>, Harvard University</li>
<li><strong>Todd Gitlin</strong>, Columbia University</li>
<li><strong>Kim Ghattas</strong></li>
<li><strong>Malcolm Gladwell</strong></li>
<li><strong>Michelle Goldberg</strong>, columnist</li>
<li><strong>Rebecca Goldstein</strong>, writer</li>
<li><strong>Anthony Grafton</strong>, Princeton University</li>
<li><strong>David Greenberg</strong>, Rutgers University</li>
<li><strong>Linda Greenhouse</strong></li>
<li><strong>Rinne B. Groff</strong>, playwright</li>
<li><strong>Sarah Haider</strong>, activist</li>
<li><strong>Jonathan Haidt</strong>, NYU-Stern</li>
<li><strong>Roya Hakakian</strong>, writer</li>
<li><strong>Shadi Hamid</strong>, Brookings Institution</li>
<li><strong>Jeet Heer</strong>, The Nation</li>
<li><strong>Katie Herzog</strong>, podcast host</li>
<li><strong>Susannah Heschel</strong>, Dartmouth College</li>
<li><strong>Adam Hochschild</strong>, author</li>
<li><strong>Arlie Russell Hochschild</strong>, author</li>
<li><strong>Eva Hoffman</strong>, writer</li>
<li><strong>Coleman Hughes</strong>, writer/Manhattan Institute</li>
<li><strong>Hussein Ibish</strong>, Arab Gulf States Institute</li>
<li><strong>Michael Ignatieff</strong></li>
<li><strong>Zaid Jilani</strong>, journalist</li>
<li><strong>Bill T. Jones</strong>, New York Live Arts</li>
<li><strong>Wendy Kaminer</strong>, writer</li>
<li><strong>Matthew Karp</strong>, Princeton University</li>
<li><strong>Garry Kasparov</strong>, Renew Democracy Initiative</li>
<li><strong>Daniel Kehlmann</strong>, writer</li>
<li><strong>Randall Kennedy</strong></li>
<li><strong>Khaled Khalifa</strong>, writer</li>
<li><strong>Parag Khanna</strong>, author</li>
<li><strong>Laura Kipnis</strong>, Northwestern University</li>
<li><strong>Frances Kissling</strong>, Center for Health, Ethics, Social Policy</li>
<li><strong>Enrique Krauze</strong>, historian</li>
<li><strong>Anthony Kronman</strong>, Yale University</li>
<li><strong>Joy Ladin</strong>, Yeshiva University</li>
<li><strong>Nicholas Lemann</strong>, Columbia University</li>
<li><strong>Mark Lilla</strong>, Columbia University</li>
<li><strong>Susie Linfield</strong>, New York University</li>
<li><strong>Damon Linker</strong>, writer</li>
<li><strong>Dahlia Lithwick</strong>, Slate</li>
<li><strong>Steven Lukes</strong>, New York University</li>
<li><strong>John R. MacArthur</strong>, publisher, writer</li>
<li><strong>Susan Madrak</strong>, writer</li>
<li><strong>Phoebe Maltz Bovy</strong>, writer</li>
<li><strong>Greil Marcus</strong></li>
<li><strong>Wynton Marsalis</strong>, Jazz at Lincoln Center</li>
<li><strong>Kati Marton</strong>, author</li>
<li><strong>Debra Mashek</strong>, scholar</li>
<li><strong>Deirdre McCloskey</strong>, University of Illinois at Chicago</li>
<li><strong>John McWhorter</strong>, Columbia University</li>
<li><strong>Uday Mehta</strong>, City University of New York</li>
<li><strong>Andrew Moravcsik</strong>, Princeton University</li>
<li><strong>Yascha Mounk</strong>, Persuasion</li>
<li><strong>Samuel Moyn</strong>, Yale University</li>
<li><strong>Meera Nanda</strong>, writer and teacher</li>
<li><strong>Cary Nelson</strong>, University of Illinois at Urbana-Champaign</li>
<li><strong>Olivia Nuzzi</strong>, New York Magazine</li>
<li><strong>Mark Oppenheimer</strong>, Yale University</li>
<li><strong>Dael Orlandersmith</strong>, writer/performer</li>
<li><strong>George Packer</strong></li>
<li><strong>Nell Irvin Painter</strong>, Princeton University (emerita)</li>
<li><strong>Greg Pardlo</strong>, Rutgers University – Camden</li>
<li><strong>Orlando Patterson</strong>, Harvard University</li>
<li><strong>Steven Pinker</strong>, Harvard University</li>
<li><strong>Letty Cottin Pogrebin</strong></li>
<li><strong>Katha Pollitt</strong>, writer</li>
<li><strong>Claire Bond Potter</strong>, The New School</li>
<li><strong>Taufiq Rahim</strong>, New America Foundation</li>
<li><strong>Zia Haider Rahman</strong>, writer</li>
<li><strong>Jennifer Ratner-Rosenhagen</strong>, University of Wisconsin</li>
<li><strong>Jonathan Rauch</strong>, Brookings Institution/The Atlantic</li>
<li><strong>Neil Roberts</strong>, political theorist</li>
<li><strong>Melvin Rogers</strong>, Brown University</li>
<li><strong>Kat Rosenfield</strong>, writer</li>
<li><strong>Loretta J. Ross</strong>, Smith College</li>
<li><strong>J.K. Rowling</strong></li>
<li><strong>Salman Rushdie</strong>, New York University</li>
<li><strong>Karim Sadjadpour</strong>, Carnegie Endowment</li>
<li><strong>Daryl Michael Scott</strong>, Howard University</li>
<li><strong>Diana Senechal</strong>, teacher and writer</li>
<li><strong>Jennifer Senior</strong>, columnist</li>
<li><strong>Judith Shulevitz</strong>, writer</li>
<li><strong>Jesse Singal</strong>, journalist</li>
<li><strong>Anne-Marie Slaughter</strong></li>
<li><strong>Andrew Solomon</strong>, writer</li>
<li><strong>Deborah Solomon</strong>, critic and biographer</li>
<li><strong>Allison Stanger</strong>, Middlebury College</li>
<li><strong>Paul Starr</strong>, American Prospect/Princeton University</li>
<li><strong>Wendell Steavenson</strong>, writer</li>
<li><strong>Gloria Steinem</strong>, writer and activist</li>
<li><strong>Nadine Strossen</strong>, New York Law School</li>
<li><strong>Ronald S. Sullivan Jr.</strong>, Harvard Law School</li>
<li><strong>Kian Tajbakhsh</strong>, Columbia University</li>
<li><strong>Zephyr Teachout</strong>, Fordham University</li>
<li><strong>Cynthia Tucker</strong>, University of South Alabama</li>
<li><strong>Adaner Usmani</strong>, Harvard University</li>
<li><strong>Chloe Valdary</strong></li>
<li><strong>Lucía Martínez Valdivia</strong>, Reed College</li>
<li><strong>Helen Vendler</strong>, Harvard University</li>
<li><strong>Judy B. Walzer</strong></li>
<li><strong>Michael Walzer</strong></li>
<li><strong>Eric K. Washington</strong>, historian</li>
<li><strong>Caroline Weber</strong>, historian</li>
<li><strong>Randi Weingarten</strong>, American Federation of Teachers</li>
<li><strong>Bari Weiss</strong></li>
<li><strong>Sean Wilentz</strong>, Princeton University</li>
<li><strong>Garry Wills</strong></li>
<li><strong>Thomas Chatterton Williams</strong>, writer</li>
<li><strong>Robert F. Worth</strong>, journalist and author</li>
<li><strong>Molly Worthen</strong>, University of North Carolina at Chapel Hill</li>
<li><strong>Matthew Yglesias</strong></li>
<li><strong>Emily Yoffe</strong>, journalist</li>
<li><strong>Cathy Young</strong>, journalist</li>
<li><strong>Fareed Zakaria</strong></li>
</ul>
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		<title>Sobre la libertad de expresión y el «discurso de odio»</title>
		<link>https://blog.smaldone.com.ar/2020/02/07/sobre-la-libertad-de-expresion-y-el-discurso-de-odio/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Javier]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 07 Feb 2020 18:49:48 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Censura]]></category>
		<category><![CDATA[Escepticismo]]></category>
		<category><![CDATA[Libertad]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Religión]]></category>
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					<description><![CDATA[Participación de Christopher Hitchens en el debate organizado por el Hart House Debating Club de la Universidad de Toronto: «Sea resuelto: la libertad de expresión incluye la libertad de odiar», en el año 2006. A continuación, la transcripción completa. ¡Fuego! ¡Fuego! ¡Fuego! ¡Fuego! Lo escucharon. No lo he gritado en un teatro lleno de gente, &#8230; <a href="https://blog.smaldone.com.ar/2020/02/07/sobre-la-libertad-de-expresion-y-el-discurso-de-odio/" class="more-link">Sigue leyendo <span class="screen-reader-text">Sobre la libertad de expresión y el «discurso de odio»</span> <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em>Participación de Christopher Hitchens en el <a href="https://www.tvo.org/video/archive/christopher-hitchens">debate organizado por el Hart House Debating Club</a> de la Universidad de Toronto: «Sea resuelto: la libertad de expresión incluye la libertad de odiar», en el año 2006.</em></p>
<p><iframe width="600" height="338" src="https://www.youtube.com/embed/cS3zQg3SFpE" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></p>
<p><em>A continuación, la transcripción completa.</em></p>
<p><span id="more-4494"></span></p>
<p>¡Fuego! ¡Fuego! ¡Fuego! ¡Fuego! Lo escucharon. No lo he gritado en un teatro lleno de gente, ciertamente. Me percato ahora que parece que lo he gritado en el comedor de Hogwarts. Pero he marcado el punto. Todos conocen el fatuo veredicto del muy sobrevalorado juez Oliver Wendell Holmes quien al pedírsele un ejemplo de cuándo sería apropiado limitar un discurso o definirlo como una acción, dio ese de gritar «fuego» en un teatro repleto. Muy a menudo se olvida que lo que él hizo en ese caso fue enviar a prisión a un grupo de socialistas de habla yidis —cuya literatura estaba en un idioma que la mayoría de estadounidenses no podía leer— oponiéndose a la participación del presidente Wilson en la Primera Guerra Mundial y a arrastrar a los Estados Unidos a este conflicto sanguinario del cual los socialistas de habla yidis habían escapado huyendo de Rusia. De hecho, se podría argumentar igualmente que los socialistas de habla yidis que fueron encarcelados por el excelente y sobrevalorado juez Oliver Wendell Holmes fueron los auténticos bomberos, los que estaban gritando «fuego» donde realmente había fuego, en un teatro repleto, ciertamente.</p>
<p>¿Y quién va a decidir? Bien, tengan esa pregunta si pueden —damas y caballeros, hermanos y hermanas, espero poder decir camaradas y amigos— en sus mentes. Me eximo de la amable oferta de protección del orador que se ofreció tan generosamente durante la apertura esta noche. Cualquiera que quiera decir algo abusivo sobre o para mí  es libre de hacerlo, y de hecho es bienvenido, bajo su propio riesgo. Pero antes de hacerlo, deben haber tomado —como estoy seguro de que todos deberíamos— un breve repaso de los textos clásicos en esta materia, que son la «Areopagítica» de John Milton —»Areopagítica» por la gran colina en Atenas de la discusión y la libre expresión—, la introducción de Thomas Paine a «La edad de la razón» y diría que el ensayo de John Stuart Mill «Sobre la libertad», en los cuales está dicho, de diversas maneras —seré muy atrevido y resumiré a estos tres grandes caballeros de la gran tradición especialmente inglesa de la libertad, de un tirón. Lo que dicen es que no es solo el derecho de la persona que habla a ser escuchada, es el derecho de todos en la audiencia a escuchar y oír. Y cada vez que silencias a alguien, te vuelves prisionero de tu propia acción porque te niegas el derecho de oír algo. En otras palabras, tu propio derecho a escuchar y estar expuesto está tan involucrado en todos estos casos, como lo está el derecho del otro a expresar sus puntos de vista. En efecto, como dijo John Stuart Mill, si todos en la sociedad estuvieran de acuerdo sobre la verdad, la belleza y el valor de una proposición,  todos excepto una persona, sería más importante —de hecho, se volvería aún más importante— que ese hereje sea escuchado, porque aún podríamos beneficiarnos de su quizá escandaloso o espantoso punto de vista. En tiempos más modernos creo que esto ha sido mejor expresado por una heroína mía, Rosa Luxemburgo, quien dijo que la libertad de expresión carece de sentido a menos que signifique la libertad de la persona que piensa distinto.</p>
<p>Mi gran amigo John O&#8217;Sullivan —ex director del National Review, y creo que probablemente mi amigo católico más conservador y reaccionario— dijo una vez, en un pequeño experimento mental: «Si escuchas al Papa decir que él cree en Dios pensarás, bueno, el Papa está haciendo su trabajo de nuevo hoy. Si escuchas al Papa decir que está empezando a dudar de la existencia de Dios, comienzas a pensar que podría andar en algo». Bueno… Si todos en Norteamérica son obligados a asistir en la escuela a cursos de sensibilización sobre el Holocausto y se les enseña a estudiar la «solución final» —sobre la cual nada se hizo realmente por este país, ni por Norteamérica, ni por el Reino Unido mientras estaba ocurriendo— pero digamos que como compensación por eso, todo el mundo ahora está obligado a tragarse una historia oficial e inalterable y se la enseña como el gran ejemplo moral, el equivalente moral de los elementos moralmente deficientes de la Segunda Guerra Mundial, una forma de calmar nuestra conciencia incómoda acerca de ese combate. Si ese es el caso con todos, como lo es más o menos, y una persona se pusiera de pie y dijera: «¿Saben qué? Este Holocausto, no estoy seguro que ocurriera. De hecho, estoy bastante seguro de que no ocurrió. En realidad, me empiezo a preguntar si lo que pasó es que los judíos provocaron un poco  de violencia contra ellos». Esa persona no solo tiene el derecho de expresarse, al derecho a expresarse de esa persona debe otorgársele protección extra. Porque lo que tiene que decir —debe haberle llevado cierto esfuerzo llegar a ello— podría ser, podría contener un grano de verdad histórica. Podría, en todo caso, darle a la gente algo que pensar sobre por qué saben lo que ya creen saber. ¿Cómo sé que sé sobre esto, excepto porque me lo han enseñado y nunca escuché nada más? Siempre vale la pena establecer los primeros principios. Siempre vale la pena decir: «¿Qué harías si conoces a un miembro de la Sociedad de la Tierra Plana?». «Piénsalo, ¿cómo podría probar que la Tierra es redonda?». «¿Estoy seguro sobre la teoría de la evolución? Sé que se supone que es verdad. Aquí hay alguien que dice que no hay tal cosa, que todo es diseño inteligente». «¿Qué tan seguro estoy de mis propios puntos de vista?». No se refugien en la falsa seguridad del consenso y en el sentimiento de que lo que piensan debe estar bien, porque están en la mayoría moral segura.</p>
<p>Uno de los momentos de mayor orgullo en mi vida en el pasado reciente, ha sido la defensa del historiador británico David Irving, quien ahora está en prisión en Austria, por nada más que por el potencial de pronunciar un pensamiento indeseable en suelo austriaco. En realidad no dijo nada en Austria. Ni siquiera fue acusado de decir algo. Fue acusado de quizás planear decir algo que violaría una ley austríaca que dice: «Solo una versión de la historia de la Segunda Guerra Mundial puede ser enseñada en nuestra valiente y pequeña república tirolesa». La república que nos dio a Kurt Waldheim como Secretario General de las Naciones Unidas, un hombre buscado en varios países por crímenes de guerra. Ya saben, el país que tiene a Jörg Heider, el líder de su propio partido fascista, en el gabinete que envió a David Irving a prisión. ¿Saben las dos cosas que hicieron a Austria famosa y le dieron su reputación, por casualidad? Mientras los tengo, espero que haya algunos austriacos aquí para molestarlos. Una pena si no. Pero los dos grandes logros de Austria son haber convencido al mundo de que Hitler era alemán y que Beethoven era vienés. A su orgulloso registro, ahora pueden agregar que finalmente tuvieron el coraje de enfrentar su pasado y encerrar a un historiador británico que no ha cometido crimen alguno, excepto aquellos de pensar y escribir. Y eso es escandaloso. Usualmente no puedo encontrar a alguien que me secunde en esto, pero no me importa. No necesito apoyo. Mi propia opinión es suficiente para mí y reclamo el derecho de defenderla contra cualquier consenso cualquier mayoría, en cualquier lugar, en cualquier momento. Y cualquiera que no esté de acuerdo puede sacar un número, ponerse en la fila… y besarme el culo.</p>
<p>Ahora… No sé cuántos de ustedes no se sienten lo suficientemente maduros para decidir esto por ustedes mismos y piensan que deben ser protegidos de la edición de David Irving de los diarios de Goebbels, por ejemplo —de los cuales he aprendido más sobre el Tercer Reich que estudiando a Hugh Trevor-Roper y A.J.P. Taylor combinados cuando estuve en Oxford. Pero para aquellos que así lo piensen, les recomendaría otro breve curso de revisión. Vayan y vean, no solo la película y la obra, sino que lean el texto de la maravillosa obra de Robert Bolt «Un hombre de dos reinos» —algunos de ustedes ya debieron haberla visto— donde Sir Thomas Moore decide que preferiría morir, antes que mentir o traicionar su fe. Y en cierto momento Moore discute con un particularmente vicioso fiscal cazador de brujas, servidor del Rey, hombre hambriento y ambicioso. Y Moore dice a este hombre: «¿Usted quebrantaría la ley para castigar al Diablo, no?» Y el fiscal, el cazador de brujas, dice: «¿Quebrantarla? La eliminaría, eliminaría cada ley en Inglaterra si pudiera lograr eso, si pudiera capturarlo». Y Moore le dice: «Sí, lo haría, ¿no? Y entonces… cuando arrincone al Diablo y el Diablo voltee para enfrentarlo, ¿a dónde correrá a protegerse? Todas las leyes de Inglaterra han sido eliminadas y aplastadas, ¿quién lo protegerá entonces?». Tengan en mente, damas y caballeros, que cada vez que violen o propongan violar la libertad de expresión de alguien más, en potencia, se están cavando la fosa.</p>
<p>Porque la otra cuestión planteada por el juez Oliver Wendell Holmes es simplemente esta: ¿Quién va a decidir? ¿A quién le otorgan el derecho de decidir qué discurso es nocivo o quién es el orador nocivo, o determinar por adelantado cuáles serán las consecuencias perjudiciales que conocemos con suficiente antelación para prevenir? ¿A quién le darían este trabajo? ¿A quién van a adjudicar el trabajo de ser el censor? ¿No es famosa la vieja historia de que el hombre que tenía que leer toda la pornografía para decidir qué es apto para pasar y qué no lo es, es el hombre más propenso a ser pervertido? ¿Escucharon a algún ponente opuesto a esta moción, tan elocuente que… —uno de ellos lo fue— a quien le delegarían la tarea de decidir por ustedes lo que pueden leer? ¿A quien le darían el trabajo de decidir por ustedes, aliviarlos de la responsabilidad de escuchar lo que podrían tener que escuchar? ¿Conocen a alguien? Levanten la mano. ¿Conocen a alguien a quien le darían este trabajo? ¿Alguien tiene a un nominado? ¿Quieren decir que nadie en Canadá es suficientemente bueno para decidir lo que puedo leer o escuchar? No tenía ni idea. Pero hay una ley que dice que debe existir tal persona. O hay una subsección de alguna ley insignificante que lo dice. Bueno, al demonio con esa ley entonces. Los está invitando a ser mentirosos e hipócritas y negar lo que evidentemente ya saben.</p>
<p>Sobre el instinto censor, sabemos básicamente todo lo que necesitamos saber, y lo hemos sabido por mucho tiempo. Viene de una vieja historia sobre otro gran inglés —lamento sonar tan distintivo en esto esta noche— el Doctor Samuel Johnson, el gran lexicógrafo, autor del primer —compilador, mejor dicho— del primer gran diccionario del idioma inglés. Cuando lo completó, el Doctor Johnson fue esperado por varias delegaciones para felicitarlo, de la nobleza, de los Comunes, de los Lores y también por una delegación de respetables damas de Londres, que lo atendían en sus alojamientos de Fleet Street, y lo felicitaron: «Doctor Johnson» —le dijeron— «estamos encantadas de encontrar que no incluyó ninguna palabra indecente ni obscena en su diccionario». «Damas» —dijo el Doctor Johnson— «las felicito por ser capaces de buscarlas». Cualquiera que pueda entender esa broma —y me complace ver que el 10% de ustedes puede— capta el punto sobre la censura, especialmente sobre «censura previa», como se la conoce en los Estados Unidos, donde está prohibida por la Primera Enmienda de la Constitución. No serán determinadas por adelantado qué palabras son aptas o no. Nadie tiene el conocimiento requerido para tomar esa decisión. Y más aún, uno tiene que sospechar de los motivos de aquellos que lo hagan. En particular, los motivos de aquellos que están decididos a ofenderse, aquellos que irán a través de una casa de tesoros del inglés, como el primer diccionario del Doctor Johnson, en búsqueda de palabras soeces, para satisfacerse a sí mismos y algún instinto sobre el cual prefiero no especular.</p>
<p>Ahora, estoy absolutamente convencido de que la principal fuente de odio en el mundo es la religión y la religión organizada. Absolutamente convencido de ello. Y me alegra que aplaudan porque es un gran problema para aquellos que se oponen a esta moción. ¿Cómo van a prohibir la religión? ¿Cómo van a detener la expresión de la aversión, el odio y el fanatismo religiosos? Hablo como alguien que es un objetivo bastante regular de esto y no solo en una forma retórica. He sido el objetivo de muchas amenazas de muerte. Conozco… A poca distancia de donde vivo actualmente en Washington puedo nombrar dos o tres personas, cuyos nombres probablemente conocen, que no pueden ir a ningún lugar sin personal de seguridad, debido a las críticas que han hecho de un monoteísmo en particular. Y esto es en la ciudad capital de los Estados Unidos. Así que sé de lo que estoy hablando, y también debo hacer notar que la clase de personas que me llaman y dicen saber a qué escuela van mis hijos —y sin duda saben el número de mi casa y adónde vivo— y dicen lo que les van a hacer a ellos, a mi esposa y a mí —a quienes tengo que tomar en serio porque se lo han hecho a personas que conozco—, es justo la gente que buscará la protección de la ley contra los discursos de odio, si digo lo que pienso sobre su religión.</p>
<p>Lo cual voy a hacer ahora. Porque no tengo ningún… No tengo ninguno de los que ustedes llamarían «sesgos étnicos». No tengo rencores de ese tipo. Me puedo rozar con casi cualquier persona de cualquier —por decirlo así— origen, orientación sexual o grupo lingüístico, excepto con gente de Yorkshire, por supuesto —son completamente intratables. Y empiezo a sentirme agraviado por la confusión que se nos impone sobre esto —y hubo algo de eso esta noche— entre creencia religiosa, blasfemia, etnia, profanidad y lo que podríamos llamar «etiqueta multicultural». Es muy común para muchos usar ahora la expresión, por ejemplo, «racismo anti-islámico» como si un ataque a una religión fuera un ataque a un grupo étnico. La palabra «islamofobia», de hecho, ha comenzado a adquirir el oprobio que alguna vez estuvo reservado para el prejuicio racial. Esta es una insinuación muy sutil y desagradable que debe ser enfrentada. Ahora, quién dijo: «¿Qué pasa si Falwell dice que odia a los maricas? ¿Qué pasa si la gente actúa en base a eso?» ¡La Biblia dice que tienen que odiar a los maricas! Si Falwell alega que lo dice porque está en La Biblia, él tiene razón. Sí, quizás haga que la gente salga y usen la violencia. ¿Qué van hacer sobre eso? Se enfrentan a un grupo de personas que dicen: «No pongan sus manos sobre nuestra Biblia o llamamos a la policía del discurso de odio». ¿Qué van a hacer cuando hayan cavado esa trampa para ustedes mismos? Alguien dijo que el antisemitismo y Kristallnacht en Alemania fueron el resultado de diez años de hostigamiento a los judíos. ¿Diez años? Deben estar bromeando. Fue el resultado de dos mil años de cristianismo, basado en un versículo de un capítulo del Evangelio de Juan, que condujo a un pogromo después de cada sermón de Pascua, cada año, durante cientos de años, porque asegura que los judíos demandaron que la sangre de Cristo cayera sobre sus cabezas y las de sus hijos hasta la más remota generación. Esa es la orden y la licencia para —y la incitación a— los pogromos anti-judíos. ¿Qué van a hacer al respecto? ¿Dónde está su insignificante párrafo legal ahora? ¿Dice que el Evangelio de Juan debe ser censurado? ¿Yo —que he leído a Freud y sé cuál es realmente el futuro de una ilusión y sé que la creencia religiosa es imposible de erradicar mientras seamos una estúpida y pobremente evolucionada especie de mamíferos— creo que alguna ley canadiense va a resolver este problema? ¡Por favor! No, el problema es este: nuestros lóbulos prefrontales son muy pequeños, y nuestras glándulas de adrenalina son muy grandes, y nuestros pulgares no están tan opuestos como podrían, y tenemos miedo de la oscuridad, y tenemos miedo de morir, y creemos en las verdades de libros sagrados que son tan estúpidos y tan inventados, que un niño puede —y todos los niños lo hacen, como pueden ver por sus preguntas— ver a través de ellos. Y pienso que la religión debería ser tratada con escarnio, odio y desprecio. Y yo reclamo ese derecho.</p>
<p>Ahora, no demos vueltas. No todos los monoteísmos son exactamente lo mismo en este momento. Están basados en la misma ilusión y han sido plagiados unos de otros, pero hay uno en particular que por el momento plantea una amenaza no solo a la libertad de expresión sino a muchas otras libertades también. Es la religión que exhibe el horrible trío de odio a sí mismo, autojustificación y autocompasión. Estoy hablando del Islam militante. Globalmente es un poder gigantesco, controla una enorme cantidad de riqueza petrolera, muchos países y estados grandes, con una enorme fortuna. Está bombeando la ideología del wahabismo y el salafismo por todo el mundo, envenenando sociedades a donde vaya, arruinando las mentes de los niños, aturdiendo a los jóvenes en sus madrasas, entrenando a las personas en la violencia, haciendo un culto a la muerte, el suicidio y el asesinato. Eso es lo que hace globalmente, es bastante fuerte. En nuestra sociedad se presenta como una minoría atemorizada cuya fe podrías ofender, que merece toda la protección que un grupo pequeño y vulnerable pueda necesitar. Ahora… Hace grandes afirmaciones para sí misma. ¿No es así? Dice que es la revelación final, dice que Dios le habló a un comerciante iletrado en la Península Arábiga, tres veces a través de un arcángel y que el material resultante —que como pueden ver al leerlo, es en gran parte plagiado del Antiguo y Nuevo Testamento, casi todo plagiado, ineptamente, del Antiguo y Nuevo Testamento— debe ser aceptado como una revelación divina, y como la última e inalterable, y aquellos que no acepten esta revelación califican para ser tratados como ganado, infieles, potenciales bienes muebles, esclavos y víctimas. Les diré que no creo que Mahoma jamás escuchara esas voces. No lo creo. Y la probabilidad de que tenga razón, en oposición a la probabilidad de que un pastor… un comerciante que no sabía leer recibiera pedazos del Antiguo y Nuevo Testamento re-dictados por un arcángel, creo me coloca mucho más cerca de la posición de estar objetivamente en lo cierto.</p>
<p>¿Pero quién es el que está bajo amenaza? La persona que difunde esto y dice: «mejor escucho, porque si no estoy en peligro», o yo, que digo: «no, pienso que esto es tan tonto que incluso podrían publicar una caricatura sobre ello». Y se levantan las pancartas, y los alaridos, y los aullidos, y los gritos: «Decapiten a…» —esto es en Londres, esto es en Toronto, esto es en Nueva York, es justo entre nosotros ahora— «¡Decapítenlos! ¡Decapiten a aquellos que caricaturizan al Islam!» ¿Son arrestados por discurso de odio? No. ¿Estaré en problemas por lo que acabo de decir sobre el profeta Mahoma? Sí, quizás lo esté. ¿Dónde están sus prioridades, damas y caballeros? Están entregando lo que es más precioso en su propia sociedad, y lo están entregando sin pelear. E incluso están elogiando a la gente que quiere negarles el derecho a resistirlo. Debería darles vergüenza hacer eso. Aprovechen al máximo el tiempo que les queda. Esto es realmente serio.</p>
<p>Ahora… Si miran hacia donde gusten —porque hemos recibido implicaciones bastante aburridas y enfermizas esta noche sobre nuestra compasión: «qué hay de los pobres maricas, qué hay de los pobres judíos, las desgraciadas mujeres que no pueden soportar el abuso, y los esclavos y sus descendientes, y las tribus que no lo lograron, y la tierra que perdieron?». Busquen adonde quieran la justificación para la esclavitud, la subyugación de la mujer como propiedad, para la quema y las golpizas a homosexuales, para la limpieza étnica, para el antisemitismo, para todo eso, no busquen más allá de un libro famoso que está en cada púlpito en esta ciudad y en cada sinagoga y en cada mezquita. Y luego vean si pueden cuadrar el hecho de que la fuerza que es la principal fuente de odio, es también la principal invocadora de la censura.</p>
<p>Y cuando se den cuenta de que, por lo tanto, esta noche se enfrentan a una gigantesca antítesis falsa, espero que eso no les impida dar a la moción frente a ustedes el rotundo respaldo que merece.</p>
<p>Mil gracias, buenas noches. Mantengan la calma.</p>
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		<title>Salvemos los dos riñones</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Javier]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 11 Oct 2018 04:54:29 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Libertad]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<div class="centerpic"><img decoding="async" src="/files/riñones/riñones.jpg" alt="¡Salvemos los dos riñones!" /></div>
<p>En la Argentina una persona no es libre de decidir sacarse un riñón para donárselo a alguien. La ley sólo lo permite si el receptor tiene un vínculo familiar con el donante o en el caso de las llamadas «donaciones cruzadas» (como sucedió con Jorge Lanata). Pero si un nefrólogo le recomienda a un paciente extirparse un riñón para preservar su salud o su vida, éste puede decidir hacerlo, y un cirujano puede operarlo sin ningún tipo de trámite legal. Este es el caso de X, que acudió para tal práctica médica a un hospital público.</p>
<p><span id="more-3990"></span></p>
<p>Casualmente, el abogado MBO escuchó —mientras viajaba en un colectivo de la línea 69— que alguien en alguna radio dice que en el mismo hospital donde va a operarse X existe la sospecha de que se extraen órganos innecesariamente para luego venderlos en el mercado negro. Alarmado, se comunica con el periodista MO, y este a su vez con un grupo de ciudadanos que lleva adelante una campaña contra el tráfico de órganos. El abogado MBO decide luego hacer una presentación judicial ante la sospecha, pero el fiscal interviniente descarta la denuncia diciendo que <em>«no hay siquiera un indicio de delito»</em>.</p>
<p>Sin embargo a MO y su grupo esto no los tranquiliza, y sin demora deciden instalarse a protestar en la puerta del nosocomio en cuestión. <em>«Nadie nos dio explicaciones»</em>, reclama MO. <em>«El director de la clínica no nos demostró que a X haya que sacarle un riñón para poder preservar su salud»</em>, acota visiblemente preocupada una de sus seguidoras. Y luego pasan a la acción: uno de los activistas se calza un delantal blanco y, simulando ser médico, se introduce en el hospital para tratar de llegar a X y convencerlo de que está siendo engañado por un médico inescrupuloso.</p>
<p>Unos días después MO es cuestionado por un colega en una entrevista radial. Justifica el accionar de su grupo diciendo que «nunca tuvimos información de que la práctica médica estuviera justificada». Ante la pregunta de <em>«¿quién te dio poder de policía para intervenir en un asunto privado?»</em>, MO agrega: <em>«yo sólo fui a la vereda a ver qué pasaba, y había 5 o 6 mujeres que estaban realizando una especie de vigilia»</em>. Y luego aclara: <em>«Nosotros no fuimos a hacer de policía, fuimos a peticionar que se pudiera informar si existían las causales para realizar esa práctica médica, procedimos ante el hermetismo que había»</em>, destacando que hay un interés público en evitar el tráfico de órganos.</p>
<hr />
<div class="centerpic"><img decoding="async" src="/files/riñones/twobarrio.jpg" alt="Mariano Obarrio y su grupo 'pro vida'" /></div>
<p>Esto pasó —palabras más, palabras menos— pero no en el caso de la extracción de un riñón, sino de un aborto requerido para salvar la vida de una mujer, es decir de una ILE (<a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Aborto_en_Argentina#Gu%C3%ADas_y_protocolos_para_la_realizaci%C3%B3n_de_abortos_no_punibles">interrupción legal del embarazo</a>, prevista en el Código Penal argentino desde 1921 y ratificada por el <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Aborto_en_Argentina#Sentencia_F.A.L.">fallo F.A.L.</a> de la Corte Suprema de la Nación en 2012). Y no estoy comparando un riñón con un feto, sino poniendo en evidencia el sinsentido de la intromisión de un grupo de personas en una cuestión médica, privada, íntima y urgente en la que no tienen absolutamente nada que ver.</p>
<div class="centerpic"><img decoding="async" src="/files/riñones/graffiti.jpg" alt="Amenaza a los médicos" /></div>
<ul>
<li><a href="https://www.infobae.com/sociedad/2018/10/08/hicieron-un-piquete-para-impedir-un-aborto-pero-la-justicia-los-desacredito-no-hay-siquiera-indicios-de-un-delito/">Nota en Infobae</a></li>
<li><a href="https://ar.radiocut.fm/audiocut/tenembaum-cruzo-a-mariano-obarrio-por-intentar-impedir-un-aborto-legal/">Entrevista de Ernesto Tenembaum a Mariano Obarrio</a></li>
</ul>
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		<title>La ley de voto electrónico: debatir sin mentiras ni descalificaciones</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Javier]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 20 Apr 2017 19:24:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Boleta única electrónica]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Voto electrónico]]></category>
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					<description><![CDATA[(Publicado en Diario Puntal el 22 de abril de 2016) En el día de hoy el diario Puntal de Río Cuarto publicó la respuesta del legislador Oscar F. González a una nota publicada el día anterior en donde se reproducían algunos de mis dichos sobre la penosa reforma electoral que la Legislatura de Córdoba (que &#8230; <a href="https://blog.smaldone.com.ar/2017/04/20/la-ley-de-voto-electronico-debatir-sin-mentiras-ni-descalificaciones/" class="more-link">Sigue leyendo <span class="screen-reader-text">La ley de voto electrónico: debatir sin mentiras ni descalificaciones</span> <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong><em><a href="http://www.puntal.com.ar/noticia_comen.php?id=239965">(Publicado en Diario Puntal el 22 de abril de 2016)</a></em></strong></p>
<p>En el día de hoy el <strong>diario Puntal</strong> de Río Cuarto publicó la <a href="http://www.puntal.com.ar/noticia_comen.php?id=239818">respuesta del legislador Oscar F. González</a> a <a href="http://www.puntal.com.ar/notiPortal.php?id=204864">una nota publicada el día anterior</a> en donde se reproducían algunos de mis dichos sobre la <a href="https://blog.smaldone.com.ar/2016/12/15/el-retroceso-electoral-de-cordoba/">penosa <strong>reforma electoral</strong></a> que la Legislatura de Córdoba (que dicho legislador preside) aprobara el 21 de diciembre próximo pasado. Esto es lo que tengo para decirle al respecto.</p>
<div class="centerpic"><img decoding="async" src="/files/evoto/gonzalez.jpg" alt="Legislador Oscar F. González" /></div>
<p>Hubiera deseado enfocarme en la discusión por <em>la reforma electoral</em>, pero lamentablemente debo empezar respondiendo a la <em><a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Argumento_ad_hominem">argumentación ad hominem</a></em> realizada por el legislador González.</p>
<p><span id="more-3306"></span> </p>
<p>Comienza González aludiendo a mi persona como <em>«intitulado &#8216;experto en sistemas electorales'»</em>. Aclarándole al legislador que «experto» no es un título sino un adjetivo que refiere a los conocimientos y la experiencia de alguien respecto de una materia, le digo que jamás me presento como experto en sistemas electorales, por la simple razón de que no creo serlo. Tal denominación, a mi entender exagerada, me fue asignada por el periodista que me entrevistó telefónicamente, quizás al ver mis antecedentes como autor de múltiples artículos a lo largo de 10 años y como expositor sobre la materia en las dos cámaras del <strong>Congreso de la Nación</strong>. Agradezco al legislador el tiempo dedicado a <em>«googlear»</em> mis datos personales, pero debo aclararle que no poseer ningún título en la materia no invalida la veracidad de mis afirmaciones. Creerlo así constituye un error lógico tan grosero como si yo descartara sus opiniones en materia electoral por no ser González abogado sino médico cirujano.</p>
<p>Luego del infructuoso intento del legislador de desacreditarme, continúa con un repaso de las actividades de la <em>Comisión Especial de Reforma Política</em> creada en la <em>Legislatura de Córdoba</em>. Cita entonces el listado de oradores que se presentaron ante la misma a partir del mes de abril, pero luego afirma que <em>«en ningún caso, como lo afirma falsamente Smaldone, hubo conclusión alguna de los legisladores en el sentido de que &#8216;no se aconsejaba implementar este sistema en la provincia'»</em>. Lo que omite González son las declaraciones públicas del legislador <strong>Carlos Gutiérrez</strong>, presidente del bloque oficialista, realizadas el día siguiente de finalizadas las exposiciones de los expertos. Según el diario <strong>La Voz del Interior</strong> del 17 de junio de 2016, <a href="http://www.lavoz.com.ar/politica/cordoba-conservara-la-boleta-unica-de-sufragio-pero-le-hara-un-retoque">Gutiérrez decía</a>: <em>«Nos vamos a quedar con la boleta única que tenemos hoy. Córdoba ha avanzado y creemos que tenemos una buena herramienta que ya ha dado muestras de que es eficiente y práctica para la gente. Sí buscaremos, a través de algún mecanismo digital, la manera de acelerar los tiempos para tener resultados confiables en mejores tiempos»</em>. Efectivamente, anunciaba que en Córdoba se mantendría el sistema de <strong>boleta única de sufragio</strong>.</p>
<p>No fue hasta el 26 de noviembre de 2016 —casualmente, un par de días después de que se desistiera de usar la <em>«boleta única electrónica»</em> a nivel nacional para las elecciones de 2017— que <a href="http://www.lavoz.com.ar/politica/schiaretti-impulsara-la-boleta-unica-electronica-en-cordoba-0">el propio legislador González anunciaba</a> que desde el oficialismo se impulsaría este método de voto electrónico para la Provincia de Córdoba. En <a href="http://www.puntal.com.ar/notiPortal.php?id=196208">declaraciones al <strong>diario Puntal</strong></a> del 27 de noviembre afirmó: <em>«Habiendo fracasado las gestiones a nivel nacional, en Córdoba vamos a avanzar de inmediato en la sanción de una ley para implementar la Boleta Única Electrónica. Es una decisión tomada»</em>. ¿Por qué habría sido noticia, si como dice en su respuesta la inciativa había sido enviada al resto de los partidos 3 meses antes?</p>
<p>La realidad es que el proyecto de reforma electoral apareció a fines de noviembre de 2016. Y fue tratado y aprobado velozmente en sesiones extraordinarias de la Legislatura, algo muy llamativo considerando que no hay elecciones provinciales hasta el año 2019. Y finalmente se aprobó desoyendo a la gran mayoría de los expertos en derecho electoral y sistemas informáticos que el legislador González cita en su respuesta. Entre ellos los doctores <a href="https://www.youtube.com/watch?v=m4iB1dgMZ34"><strong>Daniel Penazzi</strong></a> y <a href="https://www.youtube.com/watch?v=mW7ye5o8Bbk"><strong>Daniel Zovatto</strong></a>, que también expusieron sus críticas en el Congreso de la Nación. Es más, en un intento desesperado por frenar la lamentable reforma, se organizó una <a href="https://www.youtube.com/watch?v=30HZzVTUEsk"> conferencia de prensa en la <strong>Facultad de Matemática, Astronomía, Física y Computación</strong></a> de la <strong>Universidad Nacional de Córdoba</strong>, con la participación de reconocidos especialistas un día antes del tratamiento en el recinto de la Legislatura. No sirvió de nada, como tampoco el documento elaborado por los <strong>Departamentos de Computación</strong> de 5 de las principales universidades nacionales con carreras de informáticas (entre ellas, 2 de Córdoba) y varios <strong>institutos de investigación del CONICET</strong> diciendo <a href="https://www.dc.uba.ar/solicitada-voto-electronico"><em>«NO al Voto Electrónico»</em></a>.</p>
<p>Efectivamente, como dice el legislador González, la reforma electoral fue tratada por la <em>Comisión Especial de Reforma Política</em> antes de mitad del 2016. Pero sólo para producir un proyecto contrario a las recomendaciones de los expertos —y a las declaraciones públicas del bloque oficialista—, casi sobre el fin del año, y aprobarlo sin mayor trámite el 21 de diciembre a las 21 horas. Y como dijo el poeta Antonio Machado: <em>«la verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero»</em>.</p>
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		<title>Sobre el aborto</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Javier]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 08 Nov 2014 00:54:58 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Libertad]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Religión]]></category>
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					<description><![CDATA[En estos días se está discutiendo, nuevamente, en la Argentina la posibilidad de legalizar el aborto voluntario. Si bien estoy a favor de ello, no siempre coincido con la argumentación que hacen quienes lo impulsan. Por este motivo es que quiero plantear algunas cuestiones que, me parece, pueden contribuir al debate. Todo el tiempo, la &#8230; <a href="https://blog.smaldone.com.ar/2014/11/08/sobre-el-aborto/" class="more-link">Sigue leyendo <span class="screen-reader-text">Sobre el aborto</span> <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>En estos días se está discutiendo, nuevamente, en la Argentina la posibilidad de legalizar el aborto voluntario. Si bien estoy a favor de ello, no siempre coincido con la argumentación que hacen quienes lo impulsan. Por este motivo es que quiero plantear algunas cuestiones que, me parece, pueden contribuir al debate.</p>
<div class="centerpic"><img decoding="async" src="/files/aborto/morula.jpg" alt="Mórula" /></div>
<p>Todo el tiempo, la discusión parece estar centrada sobre «la vida humana». Desde cuándo comienza, hasta si una persona tiene derecho a disponer de otra, por estar esta última dentro de su cuerpo. Pero en realidad «la vida humana» no parece correr ningún riesgo: la especie humana no se encuentra en peligro de extinción, ni mucho menos. Además —y aclarando que no conozco de leyes— no creo que «la vida humana» sea sujeto de derecho (si lo es, en cambio, un ser humano).</p>
<p>Dicho esto, creo que la cuestión debería plantearse en términos de cuándo se origina un ser humano, y de si una persona tiene derecho a disponer de la vida de otra, por estar esta última dentro de su cuerpo.</p>
<p><span id="more-1767"></span></p>
<h3>¿Cuándo se origina un ser humano?</h3>
<p>Muchos sostienen (incluido el recientemente reformado Código Civil argentino, gracias a la influencia de la Iglesia Católica) que el ser humano se origina en el momento de la concepción; esto es, cuando el espermatozoide penetra dentro del óvulo y el ADN de ambos gametos se combinan, formando un cigoto. Según esta postura, un organismo unicelular que contenga ADN humano ya es una persona, y tiene los mismos derechos que cualquier persona: en particular, el derecho a la vida.</p>
<p>Antes de transcurrida la primera semana, el embrión (que pasa de llamarse cigoto, a llamarse mórula y luego blastocisto) aún no se ha implantado en el útero, y no es más que un cúmulo de células no diferenciadas —o apenas diferenciadas en el caso del blastocisto— todas con ADN humano, claro está. ¿Es esto realmente una persona? ¿Merece un conjunto de células casi idénticas las mismas consideraciones morales que una persona? Si apartamos la creencia religiosa del «alma» (que sería inyectada por la divinidad en el momento de combinarse el ADN), claramente no.</p>
<p>Y aquí aparece otro punto de controversia que, reitero, no me parece siempre bien resuelto por quienes se pronuncian por la despenalización del aborto: la diferencia entre ser en acto y ser en potencia (cuestión de la que hasta se ocupó Aristóteles). Confundir lo que «es» con lo que «puede ser», ocasiona terribles confusiones. Considerar a un embrión como una persona porque —si continúa su desarrollo sin problemas— finalmente lo será, es lo mismo que considerar a una persona un difunto porque finalmente lo será.</p>
<p>Quienes entienden esta diferencia y aún así se oponen a la despenalización, argumentan que el aborto impide que se desarrolle una persona. Esto es, ni más ni menos, el mismo efecto que producen los métodos anticonceptivos —a los que la Iglesia Católica también se opone, por cierto— claro que antes de la formación de nuevo ADN humano. ¿Se trata entonces solamente de defender los derechos del ADN humano? ¿Es tan grave el problema moral que plantea destruir ADN humano recientemente formado, como para privar a alguien del derecho a disponer de su cuerpo?</p>
<p>Además, considerar a un embrión en sus primeras etapas de desarrollo como una persona trae otras consecuencias. Los médicos que realizan fecundación in vitro, pasarían a estar manipulando ya no embriones sino personas (incluso creándolas en un laboratorio y, en algunos casos, hasta congelándolas). Los científicos que investigan tratamientos basados en células madre, estarían —ni más, ni menos— realizando experimentos genéticos con personas. ¿Es razonable poner un freno a uno de los campos más prometedores de la medicina moderna, por sostener semejante confusión?</p>
<h3>Sobre la condición humana</h3>
<p>¿Cuándo entonces podemos hablar de la existencia un ser humano en el vientre materno? «La vida es un continuo», repiten a menudo quienes apoyan la penalización del aborto. Y, precisamente, eso conlleva a algunas paradojas y falacias: la continuidad presenta ciertos problemas a la hora de razonar sobre ella. Así como en la paradoja de Zenón, Aquiles nunca llega a alcanzar a la tortuga, si tomamos una persona y recorremos su historia hacia atrás, difícilmente encontremos el punto exacto en que empezó a serlo (salvo, claro está, la conformación inicial de su ADN, creando las confusiones antedichas).</p>
<p>¿Qué es lo que nos hace ser humanos? ¿Sólo nuestro ADN? El ADN humano coincide en un 98% con el del bonobo (simio de quien nos separa unos 2 millones de años de evolución), pero sin embargo no les reconocemos derechos humanos. ¿Puede haber humanidad sin la capacidad de sentir? Prácticamente nadie duda que una persona que ha perdido toda su capacidad de sentir, debido a la muerte de su cerebro, ha dejado de serlo (aunque su corazón siga latiendo). Recién a las 12 semanas de desarrollo del feto comienza la migración neuronal, que ubica las neuronas ya generadas en su lugar definitivo en el cerebro. Claramente, antes de esto es imposible que un feto sienta (humanamente hablando) absolutamente nada y muy lejos está de tener conciencia de algo. ¿Por qué la consideración diferente de ambos casos? Seguramente, porque el resto de los órganos de alguien cuyo cerebro ha muerto, no tienen más que morir; en tanto que el feto —si su desarrollo continuase normalmente— se convertiría en una persona.</p>
<h3>Conclusión</h3>
<p>Un derecho humano básico es el de disponer del propio cuerpo. Antes de negárselo a alguien, deberíamos asegurarnos de que realmente se justifica hacerlo. «La vida» y el ADN no tienen derechos, las personas sí. ¿Es un embrión, o un feto cuyo cerebro no se ha desarrollado, una persona? En mi opinión, y por lo todo lo expuesto anteriormente, no.</p>
<h3>Adenda: el aborto en el mundo</h3>
<p>A continuación, un mapa que muestra el estado de la legislación sobre el aborto en el mundo (actualizado al 30 de diciembre de 2020, día en que finalmente se despenalizó el aborto en la Argentina).</p>
<div class="centerpic"><a href="/files/aborto/aborto_mundo.png" target="_blank" rel="noopener"><img decoding="async" src="/files/aborto/aborto_mundo_small.png" alt="El aborto en el mundo" /><br /><em>Clic para ampliar</em></a></div>
<h3>Adenda 2: Carl Sagan sobre el aborto</h3>
<p>A más de 3 años de escribir este artículo, me encuentro con <a href="https://blog.smaldone.com.ar/2018/02/20/carl-sagan-sobre-el-aborto/">este excelente texto</a> de <strong>Carl Sagan</strong> y <strong>Ann Druyan</strong>. Un orgullo descubrir que sigue exactamente la misma línea de razonamiento (juro que no lo había leído antes).</p>
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		<title>Somos afortunados: vamos a morir</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Javier]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 19 Dec 2012 08:31:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Escepticismo]]></category>
		<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Religión]]></category>
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					<description><![CDATA[Vamos a morir. Y eso nos convierte en los afortunados. La mayoría de la gente nunca va a morir, porque nunca va a nacer. La gente que potencialmente podría haber estado aquí en mi lugar, pero que de hecho nunca verá la luz del día, supera holgadamente la cantidad de granos de arena del Sahara. &#8230; <a href="https://blog.smaldone.com.ar/2012/12/19/somos-afortunados-vamos-a-morir/" class="more-link">Sigue leyendo <span class="screen-reader-text">Somos afortunados: vamos a morir</span> <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="centerpic"><iframe width="560" height="315" src="https://www.youtube.com/embed/B4wAav1RO1A?rel=0" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></div>
<p><span id="more-1654"></span></p>
<p>Vamos a morir. Y eso nos convierte en los afortunados.</p>
<p>La mayoría de la gente nunca va a morir, porque nunca va a nacer. La gente que potencialmente podría haber estado aquí en mi lugar, pero que de hecho nunca verá la luz del día, supera holgadamente la cantidad de granos de arena del Sahara.</p>
<p>Sin duda entre esos fantasmas no nacidos, hay poetas más grandes que Keats,  científicos más grandes que Newton. Sabemos esto porque el conjunto de<br />
personas posibles que permite nuestro ADN supera masivamente al conjunto de personas que existen.</p>
<p>A pesar de esta abrumadoramente pequeña posibilidad, somos tú y yo, en nuestra normalidad, quienes estamos aquí.</p>
<p>Nosotros, los pocos privilegiados que ganamos la lotería de nacer —contra todo pronóstico—  ¿cómo osamos lloriquear por nuestro inevitable regreso a ese estado previo del que la inmensa mayoría nunca escapó?</p>
<p><strong><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Richard_Dawkins">Richard Dawkins</a></strong></p>
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		<title>Diez minutos sobre la Iglesia Católica</title>
		<link>https://blog.smaldone.com.ar/2012/11/18/diez-minutos-sobre-la-iglesia-catolica/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Javier]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 18 Nov 2012 17:47:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Censura]]></category>
		<category><![CDATA[Escepticismo]]></category>
		<category><![CDATA[Libertad]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Religión]]></category>
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					<description><![CDATA[Fragmentos de las intervenciones de Christopher Hitchens y Stephen Fry en el debate «¿La Iglesia Católica es una fuerza para el bien en el mundo?» (Londres, 2009). Aquí, el debate completo y su transcripción.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="centerpic"><iframe width="560" height="315" src="https://www.youtube.com/embed/j_TRU3a7Sbc?rel=0" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></div>
<p>Fragmentos de las intervenciones de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Christopher_Hitchens">Christopher Hitchens</a> y <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Stephen_Fry">Stephen Fry</a> en el debate «<em>¿La Iglesia Católica es una fuerza para el bien en el mundo?</em>» (Londres, 2009).</p>
<p>Aquí, <a href="https://blog.smaldone.com.ar/2012/03/29/debate-sobre-la-iglesia-catolica/">el debate completo y su transcripción</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
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		<title>Monsanto, sus patentes y la nueva «Ley de semillas»</title>
		<link>https://blog.smaldone.com.ar/2012/11/17/monsanto-sus-patentes-y-la-nueva-ley-de-semillas/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Javier]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 17 Nov 2012 16:45:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Libertad]]></category>
		<category><![CDATA[Medios]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
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					<description><![CDATA[La multinacional Monsanto, sus esfuerzos desde 1997 por el reconocimiento de sus patentes, la nueva «Ley de semillas» y el riesgo que representa para la llamada «Soberanía alimentaria«. Patentar un aparato o dispositivo es una cosa (y hoy en día, ya produce efectos realmente nocivos). Patentar un ser vivo, que se reproduce y se cruza &#8230; <a href="https://blog.smaldone.com.ar/2012/11/17/monsanto-sus-patentes-y-la-nueva-ley-de-semillas/" class="more-link">Sigue leyendo <span class="screen-reader-text">Monsanto, sus patentes y la nueva «Ley de semillas»</span> <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>La multinacional Monsanto, sus esfuerzos desde 1997 por el reconocimiento de sus patentes, la nueva «Ley de semillas» y el riesgo que representa para la llamada «<em>Soberanía alimentaria</em>«.</p>
<div class="centerpic"><iframe loading="lazy" width="560" height="315" src="https://www.youtube.com/embed/yt8tkICBkcA?rel=0" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></div>
<p>Patentar un aparato o dispositivo es una cosa (y hoy en día, ya produce efectos realmente nocivos). Patentar un ser vivo, que se reproduce y se cruza con otros, es muy diferente.</p>
<p><span id="more-1600"></span></p>
<p>Las patentes sobre modificaciones genéticas de organismos no son sólo eso, ya que luego se reclaman derechos sobre los nuevos organismos resultantes (por el proceso biológico natural de reproducción). Eso es, ni más ni menos, obtener una patente sobre el ser vivo como tal. <em>Es privatizar la vida</em>.</p>
<h3>Fuentes</h3>
<p>A continuación, el material completo utilizado en la edición del video.</p>
<h4>Capítulo del libro Argenleaks sobre Monsanto</h4>
<ul>
<li><a href="http://www.victorhugomorales.com.ar/argenleaks-el-libro-del-2011/">Página del sitio de Víctor Hugo Morales</a> sobre Argenleaks.</li>
<li>Copia local del <a href="https://blog.smaldone.com.ar/files/argenleaks/Capítulo-Monsanto.pdf">capítulo sobre Monsanto</a> (PDF).</li>
</ul>
<h4>Discurso de CFK en New York</h4>
<div class="centerpic"><iframe loading="lazy" width="560" height="315" src="https://www.youtube.com/embed/chXHfmiLSeM?rel=0" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></div>
<p>Discurso de la Presidente Cristina Fernández de Kirchner en el marco de una reunión con empresarios de los EE.UU. Viernes 15 de junio de 2012, Consejo de las Américas, New York.</p>
<h4>Entrevista al Dr. Raúl Montenegro</h4>
<div class="centerpic"><iframe loading="lazy" width="560" height="315" src="https://www.youtube.com/embed/8NdRkL4F_o8?rel=0" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></div>
<p>Entrevista al Prof. Dr. Raúl Montenegro, docente e investigador de la Universidad Nacional de Córdoba y titular de la <a href="http://www.funam.org.ar/">Fundación para la defensa del medio ambiente</a> (FUNAM).</p>
<h4>Adenda: «El mundo según Monsanto»</h4>
<p><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/El_mundo_seg%C3%BAn_Monsanto">«El mundo según Monsanto»</a> es un documental realizado en el año 2008 por la periodista francesa Marie Monique Robin sobre Monsanto, su historia y sus productos comerciales (el PCB, los OGM, el Agente Naranja, la Hormona bovina y el Glifosato). Aunque el énfasis está puesto en el impacto ambiental, también se analiza el problema de las patentes sobre organismos genéticamente modificados.</p>
<div class="centerpic"><iframe loading="lazy" width="560" height="315" src="https://www.youtube.com/embed/LdIkq6ecQGw?rel=0" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></div>
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		<title>Honestismo</title>
		<link>https://blog.smaldone.com.ar/2012/10/19/honestismo/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Javier]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 20 Oct 2012 01:20:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
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					<description><![CDATA[Por Martín Caparrós Hoy querría —por una vez y sin que sirva de precedente— que me entendieran. He hablado últimamente de “honestismo”; he notado, en ciertas respuestas y comentarios, que no supe explicarlo. —Qué novedad, Caparrós. ¿No es lo que le pasa siempre? Supongo, y por eso insisto: llamé honestismo a esa idea tan difundida &#8230; <a href="https://blog.smaldone.com.ar/2012/10/19/honestismo/" class="more-link">Sigue leyendo <span class="screen-reader-text">Honestismo</span> <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Mart%C3%ADn_Caparr%C3%B3s">Martín Caparrós</a></strong></p>
<div class="centerpic"><img decoding="async" src="/files/caparros/caparros.jpg" alt="Martín Caparrós" /></div>
<p>Hoy querría —por una vez y sin que sirva de precedente— que me entendieran. He hablado últimamente de “honestismo”; he notado, en ciertas respuestas y comentarios, que no supe explicarlo.</p>
<p><span id="more-1550"></span> </p>
<p><em>—Qué novedad, Caparrós. ¿No es lo que le pasa siempre?</em></p>
<p>Supongo, y por eso insisto: llamé honestismo a esa idea tan difundida según la cual —casi— todos los males de la Argentina contemporánea son producto de la corrupción en general y de la corrupción de los políticos en particular. El honestismo es un producto de los noventa, ante el despliegue de corrupción menemista, y fue alentada por cierto periodismo —el más valiente— que trató de mostrarla. Fue un éxito: la sociedad se escandalizó ante esos errores y excesos y no miró los cambios estructurales, decisivos, que el menemismo estaba produciendo en la Argentina. Fue tal el éxito que permitió el surgimiento y apogeo de una de las fuerzas políticas más aberrantes de nuestra historia de fuerzas aberrantes: ese consorcio entre el conservadurismo católico de De la Rúa y el progresismo acomodaticio de Álvarez que recordamos –poco– bajo el nombre de Alianza.</p>
<p>Ahora la furia honestista se mantiene y permite que muchas de las campañas políticas actuales se basen en ella, y muchos políticos la aprovechen para centrar su discurso en la denuncia de la corrupción y dejar de lado definiciones políticas, sociales, económicas. O, como decía aquí mismo el otro día: “El honestismo es la tristeza más insistente de la democracia argentina: la idea de que cualquier análisis debe basarse en la pregunta criminal: quiénes roban, quiénes no roban. Como si no pudiéramos pensar más allá…”.</p>
<p><em>—¿Y usted qué prefiere, Caparrós? ¿Que roben? Usted debe de ser de esos que dicen “que roben pero que hagan”.</em></p>
<p>Me lo han dicho varios y me sorprende: yo jamás dije —ni pensé— tal pavada. Yo digo que la honestidad es el grado cero de la actuación política y que por supuesto hay que exigirle a cualquier político —como a cualquier empresario, ingeniero, maestra, domador de pulgas— que sea honesto. Que, por supuesto, la mayoría de los políticos argentinos no lo parecen. Que, por supuesto, es necesario conseguir que lo sean. Pero que eso, en política, no alcanza para nada: que un político sea honesto no define en absoluto su línea política. Por eso digo que la honestidad es —o debería ser— un dato menor: el mínimo común denominador a partir del cual hay que empezar a preguntarse qué política propone y aplica cada cual.</p>
<p><em>—¿Y entonces qué problema se hace, Caparrós? Si usted también quiere que sean honestos, por qué dice esas cosas…</em></p>
<p>Porque creo que hay muchos que siguen currando con eso de la honestidad: con la denuncia, con los prontuarios ajenos, con la promesa propia. Y, con eso, clausuran el debate sobre el poder, la riqueza, las clases sociales: acá lo que necesitamos son gobernantes honestos, dicen, y la honestidad no es de izquierda ni de derecha. La honestidad quizá no, pero los honestos seguro que sí. Se puede ser muy honestamente de izquierda y muy honestamente de derecha, y ahí va a estar la diferencia. Quien administre muy honestamente en favor de los que tienen menos —dedicando honestamente el dinero público a mejorar hospitales y escuelas— será más de izquierda; quien administre muy honestamente en favor de los que tienen más —dedicando honestamente el dinero público a mejorar autopistas, parkings, teatros de ópera— será más de derecha. Quien disponga muy honestamente cobrar más impuestos a las ganancias y menos IVA sobre el pan y la leche será más de izquierda; quien disponga muy honestamente no cobrar impuestos a las actividades financieras y sí al trabajo asalariado será más de derecha. Quien decida muy honestamente facilitar el uso de anticonceptivos será más de izquierda; quien decida muy honestamente acatar las prohibiciones eclesiásticas será más de derecha. Quien decida muy honestamente educar a los chicos pobres para sacarlos de la calle será más de izquierda; quien decida muy honestamente llenar esas calles de policías y de armas será más de derecha. Y sus gobiernos, tan honesto el uno como el otro, serán radicalmente diferentes. Digo, en síntesis: la honestidad —y la voluntad y la capacidad y la eficacia—, cuando existen, actúan, forzosamente, con un programa de izquierda o de derecha.</p>
<p><em>—Sí, todo bien, pero si los políticos no robaran, muchas cosas serían mejores. La salud y la educación serían mejores, por ejemplo.</em></p>
<p>Me han dicho varios lectores, y es el argumento clásico del honestismo progre y yo digo que sí, que un poquito mejores. Pero lo que define la salud o la educación argentinas no es que quienes tienen que organizar sus prestaciones públicas se roben un 10, un 20, un 30 por ciento del dinero destinado a ellas; lo que las define es que —gracias a la dictadura militar y sus continuadores democráticos— los argentinos que pueden hacerlo compran salud y educación privadas, y dejan a los pobres esa educación y esa salud públicas que los políticos corroen. O sea: si este mismo sistema estuviera administrado sin la menor fisura, habría —supongamos— un tercio más de recursos para hospitales y escuelas, y los pobres tendrían un poco más de gasa y un poco más de vacunas y un poco más de tiza —y los ricos seguirían teniendo tomógrafos y bypasses al toque y computadoras en el aula. Quiero decir: si todos los políticos fueran honestos, todavía tendríamos que tomar las decisiones básicas: en este caso, por ejemplo, si queremos que haya educación y salud de primera y de segunda, o no. Si queremos que un rico tenga muchísimas más posibilidades de sobrevivir a un infarto que un pobre, o no. Si pensamos que saber matemáticas es el derecho de los hijos de los que ganan más de cuatro lucas, o no.</p>
<p>Pero muchos políticos —y muchos ciudadanos— evitan discutirlo y hablan de la corrupción, que es más fácil y es decir casi nada: ¿quién va a proclamar que está a favor del cáncer? El honestismo es la forma de no pensar en ciertas cosas, un modo parlanchín de callarse la boca. O, para decirlo como lo escribí hace justo diez años, en una nota que se llamaba “El curro de la corrupción”: “Un día nuestros gobernantes serán probos, ignorarán todo sobre las islas Caimán, usarán su propio coche para irse de shopping y denunciarán a su secretaria cuando se limpie las uñas con un clip del Estado: eso es, al menos, lo que nos prometen últimamente casi todos los líderes políticos. Ese día va a ser espeluznante; ese día nuestras esperanzas, si es que todavía las tenemos, caerán procelosas como guano de paloma sobre testas peladas. ¿Será que vamos a esperar hasta ese día para descubrir el curro de la corrupción?”.</p>
<p><em>—¡Sí, de veras! ¡Qué indignación, hermano, nos afanan sin parar!</em></p>
<p>No, no me entendiste. Lo que vos decís es la corrupción. Yo te decía el curro de la corrupción. ”Ese día tan esperado, cuando nuestros gobernantes sean tan buenos como la madre Teresa de Calcuta, va a ser estremecedor: ese día, tres millones de desocupados se van a dar cuenta de que siguen estando desocupados; diez millones de pobres van a ver que son igual de pobres; treinta millones de argentinos van a entender que el país está hecho para los otros ocho o nueve, aunque ahora lo van a administrar con honra. Y —quizás, ese día— sí va a pasar algo”.</p>
<p><em>(Publicado el 8 de abril de 2009 en el diario «Crítica de la Argentina». Ver <a href="http://web.archive.org/web/20090423043650/http://criticadigital.com/index.php?secc=nota&#038;nid=21448">copia de archive.org</a>.)</em></p>
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