Un día como hoy, 1 de noviembre, pero de 1999, eliminé la última partición con Microsoft Windows que tenía en una de mis computadoras. Desde esa fecha, hace ya 10 años he usado exclusivamente GNU/Linux.
Además de la profunda satisfacción personal que siento y sentí durante todo este tiempo, y de los grandes beneficios que obtuve de la libertad del software que utilizo (y de la comunidad a su alrededor), quería compartir con todos aquellos que leen este blog un resumen de mi historia como usuario de GNU/Linux.
Los comienzos
Mi primer contacto con GNU/Linux ocurrió a principios de 1996, de la mano de la meta distribución Infomagic Linux (5 CDs, $50) que incluía, entre otras, a Slackware, que fue la distribución que elegí en ese momento para mi computadora basada en un procesador Pentium de 166Mhz con 16 Mb de RAM. Por supuesto, mantuve en otra partición el sistema operativo que usaba por ese entonces: Microsoft Windows 95.
Voy a resumir esta etapa diciendo que, luego de varias horas de particionar, formatear, instalar y volver a empezar, logré loguearme como “root“, sólo para descubrir que no sabía hacer mucho más que listar las entradas de un directorio y moverme por el sistema de archivos. Leí en la escasa documentación impresa de Infomagic que había un entorno gráfico llamado “X” y que para configurarlo tenía que editar un archivo de texto. En ese momento descubrí que ni siquiera sabía hacer eso en mi nuevo sistema. Así de frustrado estaba. Además, la configuración de X parecía tan peligrosa que un apartado de la documentación se titulaba “Cómo configurar X sin llamar al departamento de bomberos” (no era chiste, existía el riesgo de que el monitor se incendiara).
Luego de aprender lo básico del editor “vi” (toda una complicación en ese momento), pasó casi un año hasta que pude tener un entorno gráfico usable. (El driver de mi placa de video, una SiS 6202, en X funcionaba realmente mal.)
El principio del cambio
Durante un par de años, fui aprendiendo cada vez más sobre el uso de GNU/Linux (por aquellos tiempos instalé mis primeros servidores con él) hasta que, en mayo de 1999 me compré un flamante Pentium II de 400Mhz con 64Mb de RAM. Decidí instalarle solamente GNU/Linux, eligiendo en esa oportunidad la distribución que venía utilizando desde hacía un tiempo: SuSE Linux.
En ese momento, mi viejo Pentium ya había mutado para tener 48Mb de RAM y Windows 98/SuSE Linux coexistiendo en el disco duro. Contaba entonces, con una computadora moderna, con GNU/Linux, y con otra más modesta, con ambos sistemas operativos.
Ya en ese momento había muchas cosas que no podía hacer sino en GNU/Linux (cuestiones relacionadas con programación, redes, etc.), pero todavía algunas tareas me requerían el uso de Windows (o alguna de sus aplicaciones). La situación era ahora más fácil, ya que podía tener una computadora con cada sistema operativo.
Así fue que en ese momento (1 de junio de 1999) decidí plantearme mi próximo objetivo: aprender a hacer en GNU/Linux todo lo que en ese momento me requería usar Windows. Esto implicaba desde aprender cosas “básicas” hasta buscar aplicaciones de reemplazo. El plazo que me fijé para lograrlo fue de 5 meses.
El “día D”
Y llegó el 1 de noviembre de 1999. Ese día, con un inmenso placer por haber alcanzado mi objetivo, eliminé la partición de Windows 98.
No todas fueron rosas. Más de una vez (y hasta el día de hoy) me encuentro con archivos en formatos privativos que no puedo “abrir” sin renegar un poco, con sitios web que no funcionan si no es con algún navegador privativo específico (léase “Microsoft Internet Explorer” versión 6 o superior) y algún otro inconveniente de ese tipo. Pero todos esos contratiempos no se comparan con la tranquilidad, la flexibilidad y la enorme ventaja competitiva de usar programas cuya licencia no limitan mi libertad y, más aún, que están hechos “para funcionar” (e interactuar, facilitar y progresar) y no “para impedir” (y limitar, forzar y detener).
La actualidad
Si bien todavía no he logrado erradicar algunos programas no libres (por ejemplo, el driver de la placa Wifi de mi notebook), o incluso me veo obligado a tener una máquina virtual con Windows XP (para poder asegurar la compatibilidad de mis desarrollos con esta plataforma), no he necesitado nunca más usar para mí mismo un sistema operativo no libre (al punto que ya no se que decir cuando algún amigo o colega me pregunta sobre alguna herramienta de remoción de troyanos y spyware).
Actualmente, utilizo Debian GNU/Linux en mis servidores y Ubuntu Linux en las máquinas de escritorio. Y con total sinceridad, debo decir que no solamente no extraño nada, sino que cada vez que me toca sentarme delante de un Windows “algo” me siento como si tratara de bailar estando adentro de una armadura.
Addendum
Como recién me han hecho notar (¡gracias, Marce!) hoy es el “día de todos los santos”. Quienes me conozcan sabrán sobre mis creencias pero, tratándose de semejante coincidencia, no puedo dejar de recordar a San Ignucio.
“GNU es el único sistema, y Linux es uno de sus kernels.”

Javier, quería felicitarte y al mismo tiempo agradecerte.
Felicitarte porque 10 años sin windows es un bendición… y agradecerte porque todo lo que aprendiste en estos 10 años siempre estas dispuesto a compartirlo con todos.
Un abrazo y nos estamos viendo.