En el artículo anterior lancé un interrogante sobre la diferencia entre distintos países. Muchas fueron las consultas que recibí, tanto en los comentarios del blog como a través de otros medios. Realmente es un ejercicio difícil imaginar cuál puede ser la característica que diferencia, por ejemplo, a la Argentina, Inglaterra, Iran y Madagascar de Chile, Alemania, EEUU, China y Cuba.
Para no seguir prolongando el suspenso, aquí va la respuesta.
Los países coloreados con gris conservan un vestigio de la Edad Moderna y aún de la Edad Media: no existe en ellos una total separación entre la religión y el estado. Dicha separación, requisito fundamental para la verdadera libertad de culto, surge a partir del renacimiento y se consolida en la Revolución Francesa, la Independencia de los EEUU y demás revoluciones burguesas. Podemos, en ese sentido, decir que los países en gris están atrasados en el sentido histórico de la palabra.
Nótese que, a excepción del Reino Unido, Noruega y Dinamarca, en el resto de los casos se trata de países no desarrollados.
Es realmente increible que, ya entrados en el siglo XXI, en estos países (en los cuales está, lamentablemente, incluida la Argentina) no exista todavía una completa libertad de culto. Por ejemplo, la constitución de nuestro país dice en su artículo segundo que “El Gobierno federal sostiene el culto católico apostólico romano“, con lo cual no solamente fija a la religión católica como oficial, sino que se compromete a su sostenimiento económico. Más aún, en su preámbulo invoca la protección de “Dios”, y en el artículo 19 le reserva el derecho de juzgar las acciones privadas (siendo, claro está, la Iglesia Católica su representante en este mundo).
En nuestro país resulta natural encontrarse con crucifijos, estampitas y todo tipo de imágenes e íconos religiosos tanto en escuelas públicas como en reparticiones oficiales, hospitales, cuarteles militares, comisarías, etc. A nadie parece preocuparle que eso contraría la libertad de elección de las personas y puede hasta ofender a quien profese creencias distintas a las impuestas por la Iglesia Católica. Y esto por no mencionar el hecho de que parte de los impuestos que pagamos todos los ciudadanos van directamente a las arcas de dicha institución, por más evangelista, musulmán, budista o ateo que sea el contribuyente.
El hecho de que aún existan estados confesionales es comparable al mantenimiento de monarquías tradicionales (otra de las grandes rupturas que provocó la Revolución Francesa).
Dejando de lado el caso de los estados musulmanes (que son la mayoría de los estados confesionales), que es mucho más complejo, me pregunto cuándo llegará el día en que los pocos países americanos que aún permanecen sujetos a la Iglesia Católica, rompan ese lazo y permitan a sus ciudadanos una verdadera libertad de culto. No creo que ocurra pronto.



FELICITACIONES!!!
Me gustó…
La respuesta, ya que las ADIVINANZAS no me gustan.
Pero me gusta saber que en Argentina estamos atrasados en ESO también.
Abrazo,
gab
desde Tegucigalpa, Honduras
estado que no sostiene a Ninguna Religion
(jeje)