La respuesta es muy variable: depende de si se es negro o blanco, rico o pobre y, supongo, de varios otros asuntos.
Hace un tiempo publiqué un artículo sobre la liberación de un peligroso criminal en la Argentina. Hoy me encuentro con el increible caso de un joven condenado a prisión perpetua por fumar marihuana. Como en la oportunidad anterior, reitero: no tengo idea de derecho, pero realmente me llama la atención de que a esto se lo llame “justicia“.
El caso de Tyrone Brown
Tyrone Brown era un joven texano que a sus 17 años ya había sido víctima de abuso infantil. Se encontraba deambulando por las calles con un amigo de su misma edad, cuando decidieron asaltar a un transeunte. Lo hicieron y, a punta de pistola, tomaron los $2 de su billetera y se la devolvieron (sin causar ningún daño físico a la víctima). Tyrone fue condenado a 10 años de prisión en suspenso, luego de declararse culpable.
Un mes después, dio positivo en un control antidopping en el cual se detectó que había fumado marihuana. El juez Keith Dean le revocó el beneficio de la libertad condicional y le cambió la condena a prisión perpetua. Vale decir que Tyrone Brown pasará el resto de su vida en prisión por haber asaltado a una persona (sin causarle daño físico) y luego haber fumado marihuana.
Uno esperaría que tamaña ridiculez sea enmendada en poco tiempo. Pero no, el caso ocurrió hace ya 16 años, y esta persona sigue en la carcel (habiendo ya apelado varias veces y cometido varios intentos de suicidio).
Este caso quizás haría pensar en que la justicia del estado de Texas es increiblemente severa. No es así. El mismo juez benefició a John Alexander Wood, un ciudadano blanco con ciertas influencias, a 10 años de libertad condicional, luego de asesinar con un disparo por la espalda a una prostituta. A pesar de que éste ha dado varias veces positivo por consumo de cocaína y ha sido arrestado en posición de esta droga, ni siquiera se le revocó la prision condicional (ya a esta altura ha cumplido con esos 10 años). Pero claro… el señor Wood está casado con la hermana de un congresista…
La conclusión es simple. Si se es negro y pobre, basta una equivocación (no más grave que un asalto) a los 17 años y luego algún exceso, para ir preso de por vida. Ahora, si se tienen los contactos (y el color de piel) apropiados, no hay problema. Esta foto ilustra algunas de las diferencias:

Esta noticia apareció en la edición del 23 de abril de 2006 en el Dallas News.

Te prodía decir “increíble”, pero a estas alturas ya no me sorprende nada de los EEEUU.